Por. John Montilla
Bienvenidas siempre las ferias,
bienvenida siempre la lluvia.
John Montilla (24-V-2024)
Relatos de mis memorias.
Fotomontaje: Imágenes tomadas de
internet
Historias: jmontideas.blogspot.com
Por. John Montilla
Bienvenidas siempre las ferias,
bienvenida siempre la lluvia.
John Montilla (24-V-2024)
Relatos de mis memorias.
Fotomontaje: Imágenes tomadas de
internet
Historias: jmontideas.blogspot.com
Por. John Montilla
Nuestro padre fue un hombre
humilde, que nació en uno de esos pintorescos y bellos pueblos de Nariño de
antaño, donde era todo un espectáculo ver florecer las matas de papa y se podía
contemplar las espigas de cebada ondeadas por los fríos vientos sureños. Pero
un viento distinto hace muchos años lo empujo al Putumayo y acá vino, labró su
destino, creo a su familia y se quedó para siempre.
Nuestro padre vivió muchas experiencias
a lo largo de su vida, algunas dignas de ser contadas; es una pena que en otros
tiempos no lo escuchara con la misma atención con la que ahora escucho las
historias que me cuentan. Quizás porque en esos tiempos yo estaba demasiado
entretenido con todos los libros y revistas que caían en mis manos.
Pero con los pocos registros
que tengo puedo hacer una idea de cómo él miraba con nostalgia las cosas de los
tiempos pasados. Creo que a pesar de ser un hombre bastante práctico tenía una
visión fantástica del mundo. Por ejemplo,
por cuestiones de su trabajo alguna vez estuvo en Puerto Leguizamo y muchos
años después su recuerdo latente era de un rio absolutamente repleto de peces
de todos los tamaños y de calles llenas de vendedores de pescado exhibiendo su
producto en improvisados puestos callejeros. Él solía repetir muchas veces que
había peces como arroz y había visto unos peces tan grandes como bueyes. Quizás
nunca comprendí muy bien esa comparación, pero me alcanzaba la imaginación para
hacerme una idea del tamaño de esos monstruos.
Aunque de lo que él se admiraba y recordaba cuando en casa comíamos
pescado era de haber conocido a un compañero que solía comer ese alimento con
espinas y todo. Eso le parecía una cosa increíble que nunca olvidó y por
supuesto hasta su último día estuvo convencido que ese rio lleno de peces con
ese pueblo de ensueño aún existía.
En eso coincidíamos: yo amo la
imaginación y él la creaba o me inspiraba a crearla, en sus últimos años estaba
convencido de haber ayudado a construir muchas de las cosas que existen en
nuestro pueblo, al fin y al cabo, su trabajo de obrero departamental lo llevó a
trasegar por cuanta obra se estuviera ejecutando. Me viene a la memoria ese
viejo proyecto de construcción de una hidroeléctrica para Mocoa y a él le tocó
esa aventura de internarse en los montes cuando se estaban haciendo los
estudios técnicos de esa idea, con tal mala fortuna que cierta vez el machete
que blandía para abrirse brecha en el bosque dio de lleno contra un panal de
abejas africanas que estuvieron a punto de acabar con su vida. De ahí que me
quedé con la impresión de que mi padre había lidiado con otros terribles monstruos
a los que desde entonces aún les guardo temor.
Nuestro padre fue un guerrero
de muchas batallas, siendo niño recuerdo haber visto a mi madre preocupada
porque llegó el rumor de que algo negativo había ocurrido, nunca supe que
sucedió. Hasta hace poco intenté averiguarlo, pero me fue imposible. Tan sólo
puedo anotar que de ese lejano día recuerdo la imagen del gallo más descomunal
que yo había visto en mi vida y que alguien llevó a la casa. Fue como una señal
de que mi padre iba a dar la pelea cualquiera haya sido el problema. Siempre
asocié a mi padre con cosas grandes. Alguna vez trabajando juntos; aún era un
niño, pero me dijo que le gustaría que yo llegara a ser el alcalde del pueblo. Como
todo padre tenía grandes sueños para sus hijos.
Todos somos unas frágiles fichas en el juego de
la vida.
Recuerdo sus maratónicos encuentros de parqués
con un grupo de vecinos. Quedó grabado en mi memoria, un lejano ya, 31 de
diciembre en que un cuarteto, inició una partida de parqués en horas de la
tarde y siguieron de largo hasta que los agarró el año nuevo. Pararon un
momento para saludar a familiares y amigos que llegaban hasta la mesa a darles
el abrazo de año nuevo y luego siguieron de largo jugando como hasta las nueve
de la mañana del primero de enero, mientras la vecindad seguía la parranda. Las
apuestas de ellos eran simples monedas, ganas de pasar el tiempo. Pero el
tiempo sigue pasando y de aquellos legendarios jugadores ya muy pocos
sobreviven. El tablero terminará por quedarse sólo.
En los últimos años ya no jugaba a apostar
monedas, tan sólo se sentaba a observar mientras no le vencía el sueño. Cuando
no estaba en la vecindad se nos escapaba para el mercado, donde tenía varios
amigos y conocidos y de paso el aprovechaba para merendar para luego retornar a
casa y la hora de las comidas decir:” Yo quiero poquito no más” o “Si me van a
dar denme poquito o sino no me den nada”. Por supuesto en casa nunca se le negó
la comida.
A pesar de que él estudió sólo un año en la
primaria, se sabía las tablas de multiplicar de memoria y era bueno para hacer
cuentas, en los últimos años cuando iba
a casa de mis padres, me percaté de que mientras esperaba que le sirvieran su
cena, se ponía a leer cualquier cosa que tuviera a mano, ojeaba cuadernos de
los niños o lo que sea que tuviera algo escrito, motivo por el cual hubo un
tiempo en que le dejaba a propósito algo para que leyera, aún hoy me sorprende
su capacidad visual, jamás usó gafas. Siempre conservó cierta jocosidad,
picardía y curiosidad; fue un hombre juguetón, le gustaba jugar canicas y
trompos con los niños en las calles. A sus
nietos como pequeño legado les enseñó a jugar parqués y dominó.
Hay tanto por decir, pero por ahora con la nostalgia y resignación de las hojas de los calendarios que cayeron, cierro estas memorias con una de las frases que durante varios años y que incontables veces repitió a familiares, amigos y conocidos: “Me voy para el Ecuador”. Y ahora de verdad se ha marchado, pero no a ese destino que el señalaba sino hacia uno más distante e infinito: la eternidad.
John Montilla (17-VII-2023)
Relatos de mis memorias.
Texto e Imagenes :jmontideas.blogspot.com
(Crónicas de Mocoa)
Por. John Montilla
“Por qué cantáis la rosa,
¡oh poetas! Hacedla florecer en el poema”. (Vicente
Huidobro)
Después de que ocurrió la tragedia de Mocoa, afloraron
muchas historias de todo tipo: De héroes anónimos, de héroes visibles, de rescates
y episodios de supervivencia increíbles, por supuesto innumerables capítulos de
dolor y por paradójico que parezca hasta algunos hechos tragicómicos, y junto a
lo anterior salieron a flote historias que rayan en lo sobrenatural, lo épico,
lo inverosímil y lo místico. Algunas de esas cosas ya forman parte de las
leyendas que quedaron después de la noche más triste de nuestro pueblo. Una de
esas historias de personajes anónimos que agarré al vuelo por ahí, es la que voy
a narrar aquí.
La doña milagrosamente había sobrevivido a la catástrofe,
pero por desgracia había perdido a su hija. Como la tragedia sucedió en marzo,
cuando llegó mayo, mes consagrado a las madres; el dolor de la perdida volvió a
abrir la herida del recuerdo. Y como al parecer nunca pudieron encontrar el
cuerpo de su ser querido, el único consuelo que le quedó a la desconsolada
señora fue ir a visitar las ruinas de lo que alguna vez fue la casa donde vivió
su hija.
Se fue sola una mañana de un domingo radiante, llevando una
sombrilla para protegerse del sol de ese día. Caminó con resignación y nostalgia
por lo que alguna vez fueron calles y viviendas. Mientras en la recién azotada
ciudad, muchos, más que celebrar esa fecha, agradecían a los santos de su
devoción el estar en familia en el día de las madres; un gran número de
personas al igual que ella recorrían las sendas de los recuerdos. Bordeando las
colosales piedras y escombros que quedaron como vestigio eterno de lo que las
aguas desbordadas trajeron. Franqueando todos esos obstáculos finalmente llegó
hasta lo que fue su hogar.
Con un escapulario colgado del cuello, al que acariciaba
con nerviosas manos, fue recorriendo las ruinas de lo que fue la vivienda. Ese
día la nostalgia le pesaba más en el alma. Su hija en mayo le llegaba con un
detalle que siempre acompañaba con una radiante rosa roja. Pero ese año como ya
no había hija, tampoco habría regalo, y por supuesto tampoco tendría la añorada
rosa del amor de sus entrañas. Con profunda tristeza se arrodilló en el piso
del lugar que tanto compartieron, y lloró su desconsolada pena. Con sus ya rugosas manos palpó las pocas desnudas
paredes que quedaron en pie como queriendo impregnarse de aromas de antaño.
Pero ahora el barro y la naciente maleza eran dueños del lugar. Unos vecinos
solidarios al verla en su nostálgico deambular fueron en su rescate en esa
triste jornada y le tendieron sus manos y abrazos para sacarla del lúgubre lugar.
Luego cuando llegó a su nueva morada, vacía, fría, en la
mesas y paredes hacían faltan los retratos de antaño e imágenes de la familia. Hacía
tanta falta el calor humano, que otra vez no pudo reprimir su acongojado
llanto, y fue entonces cuando una vecina, llamó a la puerta; y aunque afligida,
caminó al baño, se echó agua en la cara para enjugarse el rostro y cuando se
miró en el espejo para peinarse los cabellos se llevó la sorpresa más increíble
de su vida. El impacto fue tal que le produjo una especie de temblor que la
sacudió de cuerpo entero, ya que en el rostro que se reflejaba en el espejo
descubrió que llevaba entre una de las pinzas de su cabello un hermoso capullo
de una rosa roja.
***
John Montilla: Texto y fotografías
Crónicas de Mocoa (31-marzo-2024)
Fotomontajes: J.M (Murales pintados en las ruinas de una
casa del Barrio San Miguel de Mocoa)
Historias: jmontideas.blogspot.com
Por: John Montilla
“He crecido cerca de las vías y por eso sé que la tristeza
y la alegría viajan en el mismo tren.”
(Fito Cabrales)
A la dueña sólo le gustaba
arrendarles habitación a estudiantes, pero por alguna razón rompió su habitual
regla y una tarde le alquiló un cuarto a un señor y algo inusual ocurrió esa
noche en la casa.
Todo iba bien hasta que de pronto a eso de la medianoche,
la dueña, el otro estudiante que allí residía, y yo, tuvimos la sensación de
que una locomotora se había metido en la vivienda.
La casa tembló y el techo
pareció dar saltos, las paredes se sacudieron y los cuadros perdieron el
equilibrio, las delicadas figuras de
porcelana estuvieron a punto de caer de las pequeñas repisas, , los jarrones de cristal casi se rompen y los tiernos serafines casi
salen volando; el vidrio de la mesa del comedor estuvo a punto de partirse como
una galleta, el salero se derramó en la mesa,
la puerta de la nevera se abrió de golpe, los huevos que allí había
crujieron, una bolsa de leche abierta se ladeó un poco y empezó a gotear el
blanco líquido, el control remoto se cayó del estante y el televisor se prendió
justo cuando pasaban las noticias de un terremoto en el otro lado del
mundo. La dueña enfundada en una piyama
de grandes flores de colores se levantó espantada con el estrepito de la
locomotora.
Yo al igual que los demás había pegado un salto en la cama,
y por supuesto el sueño se espantó, también.
Abrí la puerta de mi cuarto y vi a la doña, despelucada, echándose la
bendición y asombrada, al tiempo que me señalaba con su mano derecha la puerta
de la habitación del nuevo inquilino.
El ronco trepidar salía de ese cuarto, confieso que nunca
en mi vida había escuchado a alguien roncar con la fuerza y la sonoridad con
que lo hacía dicho señor. Los residentes de la casa no pudimos dormir esa
noche; el hombre tenía un sueño de carro viejo enterrado en un barrizal,
imposible de despertar.
Muy temprano al día siguiente la doña le pidió la
habitación al ruidoso dormilón porque se iba a quedar sin el resto de
inquilinos y sin poder dormir más. El
hombre todo apenado, entonces confesó que sufría de ese difícil problema.
Recogió sus bártulos y se fue.
Me pregunto que habrá sido de la vida de ese infortunado
personaje: ¿A cuál estación lo habrán llevado la carrilera de su ruidosa
nocturna existencia?
***
John Montilla: (Neiva: 28 -XII-2023) -Relatos de mis memorias
SER “BUENA PAPA”
El vendedor ambulante
instalado frente a la clínica había dado los precios de sus productos: Las
empanadas a mil pesos, las papas rellenas a dos mil pesos, y las arepas de
huevo a tres mil pesos, Esto último era lo que quería la niña, quizás de unos
siete u ocho años. La mamá de la menor se puso a buscar y contar las monedas
que tenía en una trajinada carterita de color rosado y acto seguido se palpó
todos los bolsillos tratando de encontrar dinero en algún rincón olvidado de su
vestimenta para luego concluir diciéndole con cierta frustración a su hija:
“No me alcanza”.
El gesto de decepción en el
rostro de la niña fue bastante evidente, entonces decidí intervenir de forma
cordial:
-Tome la arepa señora, yo se
la pago.
La señora me respondió con
un “Dios los bendiga”; tomó la arepa y se la pasó a su hija al tiempo que le pedía
que agradeciera por ello. La niña así lo hizo y luego feliz se puso a comer.
La emoción de las personas
que estábamos a esa hora comiendo en la calle fue bastante evidente ante este
pequeño cuadro de inocencia infantil.
Cuando terminó, ella y su
madre se dispusieron a cruzar la calle.
La niña alzó la mano en señal de despedida, al tiempo que volvía a
repetir con una vocecita repleta de ternura “Muchas gracias, señor.”
Fue un episodio espontaneo, inocente
y reconfortante para quienes estábamos lejos de casa la noche de navidad.
***
Coletilla: “Ser buena papa”
en Colombia, significa ser buena persona con los demás.
***
John Montilla: (Neiva: 24 -Dic-2023) -Relatos en mi camino
CORTE A LA FIDELIDAD
Hoy, después de tanto tiempo
de fidelidad.
He roto ese lazo de
confianza.
No fue culpa mía;
las circunstancias me
llevaron a ello.
Fue el tiempo
y la distancia
El tiempo porque hace días
que necesitaba ver a alguien como ella
y no podía esperar.
Y la distancia porque estaba
lejos de casa.
Por eso hoy rompí el espejo
de la lealtad:
Pasaba frente a una puerta
de cristal y la vi a ella.
Rubia, de un rubio
artificial, pero no me importó mucho.
Ojos claros, bella, rostro
festivo.
Intenté abrir la puerta y no
pude,
Entonces ella me franqueó el
camino desde adentro.
Lo suyo fue una invitación
que me llevó a la traición
Me hizo pasar.
Con una amplia sonrisa comercial
me envolvió en sus dominios.
Me invito a que me sentara
en un cómodo sillón blanco.
Pude sentir la suave
fragancia de su perfume mientras se hacía a mis espaldas.
No me cubrió de besos,
sino que cubrió mis hombros
con una delicada y transparente capa plástica.
Me pasó las manos por la
cabeza
y luego con voz dulce me
hizo la pregunta,
que ya consideraba olvidada:
¿Cómo quiere su corte de cabello?
Y fue así, como después de
tanto tiempo de fidelidad,
traicioné a mi peluquera.
***
John Montilla (Neiva: 30-Dic-2023) -Divagaciones
Fotomontajes con imágenes
tomadas de internet
Por. John Montilla
“¿Qué
es real? ¿Cómo defines lo real? Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo
que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces lo real son simplemente
señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.” (Morfeo en Matrix)
Me sorprende que por los barrios aún siga pasando el señor de los tamales. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado a uno que pasa como alma que lleva el diablo pregonando por las calles: “Tamales, tamales, llevo los tamales.” Y cuando lo escuchas en la mañana, todavía estas acostado, entonces te levantas de un salto, y corres por las chanclas, con la única intención de hacer que se detenga; imposible pensar en agarrar dinero para pagar. Te asomas a la ventana o la puerta, y alcanzas a ver que el hombre va justo doblando en la esquina más próxima. Perdiste otra vez la oportunidad del desayuno listo.
¿Por qué nadie en
la cuadra le compra?, ¿Por qué el vecino nunca madruga y lo detiene por
nosotros?, ¿Dónde los vende, si nadie alcanza a comprarle? ¿A dónde viajan los
tamales? Todo un enigma.
Y, aun así, el
señor sigue pasando, como si fuera ajeno al mundo en que vivimos, imperturbable
al paso del tiempo. O tal vez él no es real y no pertenece a este universo y
sigue pasando porque es un “bug”-es decir un error del sistema- de esta
simulación que conocemos como universo. Tal vez si desciframos el misterio del
momento en que se venden y acaban los tamales viajeros podamos encontrar la
salida de la “matrix”. Quizás el día que
amanezcamos con el rostro pegado a la ventana y “capturemos” al señor de los
tamales justo cuando pase por nuestro “portal” y logremos comprarle uno, nos
liberemos de esta simulación.
***
John Montilla
(18-II-2023)
Divagaciones (Adaptación)
TAMALTRIX - II (RECARGADO)
La maravillosa nave
galáctica de los tamales vuelve a escucharse fugaz un domingo en la mañana, es
como un rayo que aparece y desaparece en segundos, pero esta vez se alcanza a
percibir un mensaje claro y enigmático: “
“Lleve los
tamalitos, estos tamales te alisan el pelo, te quitan las arrugas y te ponen
los ojos azules:”
Alguien sugiere demandar al piloto de la nave por
publicidad engañosa, pero antes tienen que atraparlo, pero la mayoría quizás
crea que este alimento lleve cubierto en su envoltura la fuente de la eterna
juventud y por eso corren detrás de él con la esperanza de alcanzarlo, para así
tratar de develar el incomprensible misterio que “envuelve” su prodigioso
manjar legendario. Puede ser que los “Tamaltrix” tengan las propiedades que
desafían toda lógica y sentido común.
Tal vez al probarlos no sólo satisfagan nuestro apetito, sino que
también desencadenen una serie de efectos inexplicables que nos sumerjan en un
mundo de metafísica y realidades alternativas.
Es posible que, tras el primer bocado, se experimente una
metamorfosis instantánea y se cumpla lo que pregona hasta el cansancio con su
megáfono sideral o hasta más, quien quita que después de haber quitado las
olorosas y verdes hojas de plátano ya cocinadas y consumido el producto el
rango de beneficios aumente. Que tal que luego puedas predecir el futuro viendo
el reflejo de los objetos, o adquieras la habilidad de doblar el espacio-tiempo
o te den la capacidad de leer los pensamientos de perros y gatos. O también que
tus manos se conviertan en una especie de detector sónico que te permita
encontrar objetos perdidos y en últimas una vez consumido el producto que
puedas comunicarte con seres de mundos paralelos a través de los eructos.
Pero el señor de los tamales que se revela como el guardián
de esa receta mágica que conecta nuestra realidad con otras matrices de
existencia es inalcanzable para nosotros, simple mortales con hambre en la
mañana dominical. ¿Será posible que al alcanzarlo nos lleve a un “portal
gastronómico” en el que podamos trascender de extraña simulación en la que
estamos atrapados? Los “Tamaltrix” podrían ser el vínculo perdido que nos lleve
a descubrir la verdadera naturaleza de nuestra existencia en este laberinto cósmico. Pero para eso tienes primero que lograr
alcanzarlo y eso es algo que está muy lejos de nuestras posibilidades humanas,
sobre todo si él va en un vehículo espacial y tú intentas
corretearlo en sandalias y en piyama.
***
John Montilla (5-XI-2023)
Divagaciones
Fotomontaje con imágenes tomadas de internet
Historias: jmontideas.blogspot.com
Por: John Montilla
“Al futbol se juega con el cerebro.” Johan Cruyff
-GARCÍA MÁRQUEZ:
Eso fue una crónica de un penalty anunciado.
-MARADONA:
Era penalty. Yo vi la mano … de Dios.
-SHAKIRA: El
árbitro estaba facturando.
-EL PRINCIPITO: El árbitro
no vio toda la jugada “lo esencial fue invisible a sus ojos.”
-NEIL ARMSTRONG: Ese penalty fue un pequeño paso atrás para
el futbol y un gran salto de “la pulga” hacia el título.
-SHAKESPEARE:
Ser o no ser penalty esa es la cuestión.
-SÓCRATES:
El árbitro no sabe de futbol.
-DESCARTES:
Pienso que el penalty no existió.
-VAN GAAL: Ese penalty
estaba premeditado de “anteMANO”.
-CHARLES DARWIN: La involución del juego llevó al árbitro a
señalar el penalty.
-VAN GOGH: El árbitro cortó la oreja de la justicia y la
mostró como prueba del penalty.
-GEORGE ORWELL: El Gran Hermano del VAR confirmó que fue penalty.
-GROUCHO MARX: Si no les gusta este penalty, tengo otros.
-ALBERT CAMUS: El penalty fue un absurdo existencial en medio del campo.
-NEWTON: La manzana de la gravedad del penalty cayó en el área.
-COCO CHANEL: El penalty no fue un gesto de elegancia en el campo.
-EDGAR ALLAN POE: El penalty fue como la sombra de un cuervo negro que oscureció
la cancha.
-ISAAC ASIMOV: El penalty fue una muestra de la “Inteligencia Artificial” del
árbitro.
-CHAPLIN: El penalty fue como una comedia de errores que terminó en gol.
-FREUD: El penalty fue el sueño oculto de Messi que revelo su deseo reprimido de
ganar.
-HEMINGWAY: El hombre hubiera sido destruido, si hubiera
sido derrotado.
-CRISTOBAL COLÓN: Para que Messi llegara a donde no había
estado antes.

-MARIE CURIE: La radiación de los jeques en el penalty es innegable.
-FERNANDO VALLEJO: El penalty fue un hp capítulo oscuro de la novela
futbolística.
-PLATÓN: El penalty fue la sombra percibida en la pared de la ca-VAR-na del futbol.
-MAQUIAVELO: El penalty tenía un fin. La FIFA justifica los medios.
-SHERLOCK HOLMES: El misterio del penalty se resuelve con la lógica de los dólares.
-PABLO NERUDA: Fueron 20 minutos de juego y una jugada
desesperada.
-NIETZSCHE: El futbol ha muerto … ¡Viva el penalty!
-EINSTEIN: La relatividad del penalty depende de si te lo pitan a favor o en contra.
-BOTERO: El peso de una mano poderosa en el partido fue de
proporciones exageradas.
-STEPHEN HAWKING: El penalty fue un agujero negro en el
espectáculo.
-DA VINCI: El penalty fue una obra maestra de la
controversia en el futbol.
-STEVE JOBS: El penalty fue un fallo en el diseño del campeonato
en tierra de los camellos.
-JESUS: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una
aguja, que a un pobre le piten cinco penaltis en un campeonato.
-EDUARDO GALEANO: El penalty fue una cortante sombra más
que abrió otra vena al deporte rey.
-ROUSSEAU: El penalty no nació limpio, la sociedad lo
corrompió.
-STALIN: ¡Fusilen al arquero… de un balonazo!
-PETRO: Una prueba
de cómo los combustibles fósiles afectan también al futbol.
-URIBE: Yo vi una
mano “firme”.
-SAMPER: Si hubo penalty, fue a mis espaldas.
-REVISTA SEMANA: El penalty fue culpa de Petro.
-RCN: “Fue penalty”, dice Semana.
-AMPARO GRISALES: Fue una buena actuación, pero eso “No se
llama penalty”.
-REFISAL BONNET: Casi hay penalty para Colombia, se salvó
la albiceleste. Atención señores, tremendo contragolpe: Penalty para Argentina,
expulsado el arquero de Colombia.
-CARLOS ANTONIO VELEZ: Difícil concluir si fue o no fue
penalty porque la jugada tenía una matriz de estrategias poligonales en
evolución, donde los movimientos tácticos de las piernas de los jugadores se
entrecruzaron cual líneas paralelas en una intersección, creando una dinámica
matemática cuyo resultado fue una zancadilla a un centímetro fuera del área
chica.
-PROFESOR DE
PRIMARIA: Porque querían que “el pequeño” aprendiera a ganar cosas grandes.
-PROFESOR DE
SECUNDARIA: Se los explicaré en términos numéricos, pero no podrán
comprenderlo.
-PROFESOR DE
UNIVERSIDAD: Para saber porque fue
penalty lean la historia del porqué los futbolistas se van a jugar a la tierra
de los camellos.
-ATEO: El penalty
no existe.
-USTED: …
-YO: Divago con ese penalty.
John Montilla ( 12-XI-2023)
Divagaciones
Imagenes tomadas de Facebook.
Historias: jmontideas.blogspot.com
Por: John Montilla
“Sólo voy, donde me lleva la guitarra.” Angus Young
El músico estaba cómodamente sentado en un sillón de la
sala de su casa viendo las noticias de la noche. Había dejado abierta la
ventana que daba a la calle y con la cortina recogida para que entrara la
fresca brisa de la hora. Cuando de repente sintió el trepidar de unas
motocicletas que llegaron a toda velocidad y se detuvieron en secó frente a la vivienda;
algunas piedrecillas levantadas por las llantas de los potentes vehículos
fueron a estrellarse contra la puerta metálica de la entrada. Fue como un fugaz
tintineo que anunciaba la visita de los mensajeros de la muerte.
En segundos se escucharon unos golpes firmes pero
acompasados en la puerta. Querían entrar por las buenas. El músico, sorprendido
por los rápidos sucesos sólo había atinado a voltear la cabeza y mirar hacia
afuera. Alcanzó a vislumbrar las motocicletas y unas sombras en el exterior.
Cuando escuchó los golpes en la entrada, dudó por un momento en que hacer, pero
sabía que no tenía opción. Los de afuera lo estaban observando. Dedujo en que
si hubieran querido hacerle algo ya desde la calle podrían haberlo hecho; con
este pensamiento se dio valor y procedió a abrir la puerta.
Dos tipos armados entraron a la sala. Lo saludaron como si
lo conocieran, al fin y al cabo, ellos con seguridad tenían información sobre él,
por algo habían ido directo a su casa y luego sin darle vueltas al asunto, le
soltaron: “Nuestro comandante está de cumpleaños y quiere una serenata”. El
músico se quedó frío, no se esperaba una cosa así. Los hombres siguieron: “Así
que agarre su guitarra y vamos”. Para tratar de ganar tiempo y asimilar la
situación les había dicho que primero necesita templar su guitarra.
Los intrusos no tuvieron más opción que esperar, en tanto
el músico, descolgaba su instrumento de la pared, la sacaba del estuche y
comenzaba a ensayarla; los nervios no le permitían coordinar bien sus
movimientos ni en el diapasón ni en las cuerdas; cuando de pronto vio su
salvación de momento: En la biblioteca vio una caneca de aguardiente que tenía
la mitad de su contenido, la agarró y se mandó un buen trago: “Es para calentar
la voz”- les dijo a los que lo esperaban y por mera cortesía les ofreció; ellos
se negaron a recibir; cosa de la que mentalmente se alegró porque sentía que
necesitaba una botella entera para él solo. Entonces de otro par de grandes
tragos se la bebió como si fuera agua. Una vez tuvo templados los ánimos y la
guitarra decidió que ya estaba listo. Les dijo que iba por su chaqueta, uno de
ellos se fue con él hasta la habitación por la prenda. Luego preguntó si se podía ir en su propia
motocicleta, pero ellos se lo negaron y le dijeron que ellos mismos lo llevaban.
Cuando estuvo en la calle cayó en la cuenta que le iba a
ser difícil dar esa serenata solo, así que les dijo a “sus guardianes” que
necesitaba ir por el compañero con quien acostumbraba a tocar. Los hombres le
habían respondido:
-“No se preocupe, que también a él ya lo fueron a recoger.”
Pidió que le dejen comprar una botella de aguardiente, y
también le dijeron que por eso tampoco se preocupara que allá le daban.
Luego lo hicieron subirse de parrillero en una de las motocicletas. El músico agarró con fuerza su guitarra- su vieja amiga, con ella se sentía acompañado- y arrancaron literalmente “como alma que lleva el diablo”, hacia donde el mismísimo satanás, a dar la más insólita serenata de su vida.
John Montilla (4-IX-2023)
Crónicas
Fotomontajes: imágenes tomadas de internet
jmontideas.blogspot.com