sábado, 14 de octubre de 2023

NIÑO VENDEDOR DE MANDARINAS

 Por: John Montilla

“Más fácil que pelar una mandarina.”  Frase popular.

El reloj ya marcaba más de las dos de la tarde. El calor a esa hora era intenso; los que estábamos en el restaurante sudábamos a la sombra y fue entonces cuando vimos llegar al chico en su bicicleta. De manera ágil se bajó del aparato al tiempo que agarraba con destreza una canasta de plástico en la que llevaba unas bolsas con fruta.

 Se acercó a nosotros y con una voz un tanto ronca, tímida y cordial nos preguntó si le comprábamos mandarinas. Su rostro estaba lleno de polvo y el sudor le corría por su frente y su cara. Se limpió un poco con su mano, mientras se quedaba expectante a nuestra respuesta.  

 Le dije al colega con quien estaba: “Le voy a colaborar comprándole una bolsa a este chico trabajador”. Él puso la canasta en el suelo y permitió que escogiera el producto.  Mientras hacía esto noté que no quedaban muchas bolsas en el recipiente, entonces le pregunté qué desde que horas estaba vendiendo y cómo le había ido con las ventas. El niño de las mandarinas, respondió que había salido temprano en la mañana, pero que sólo había vendido un paquete.

-“Un señor en la esquina me compró una bolsa no hace mucho”- nos contó.

 Mi compañero, también expresó la intención de comprarle, mientras le cuestionaba que por qué no usaba una gorra para protegerse del sol que estaba muy fuerte. “No tengo”, fue su respuesta. Cuando le indagamos si ya había almorzado, con toda tranquilidad dijo que él comería cuando llegara a su casa allá en la vereda, que antes tenía que trabajar.  Unos minutos más habían pasado en el gran reloj adosado a la pared.

 Entonces mi compañero llamó a la mesera y le preguntó si aún tenía comida y le pidió un almuerzo para el niño. Al chico se le iluminó el rostro y sólo atinó a decir gracias. Se sentó presto a la mesa; ni siquiera se acordó de su bicicleta tirada al borde de la acera. Le recomendamos que la dejara junto a la puerta, él así lo hizo y se puso a comer con todo deleite mientras nos contaba que él bregaba para ayudar a su mamá que se había quedado sin trabajo al parecer por un problema de salud en su vista. “Mi hermana y yo trabajamos para ayudar a pagar el arriendo.” Ahora parecía la voz de un hombre adulto hablando mientras cuchareaba.

 Antes de irme, le compré otra bolsa más de mandarinas, al tiempo que le pedía que me permitiera tomarle una foto. 

El chico seguía comiendo mientras el rostro de complacencia de la mesera resumía esta historia. 

 Si ven al niño de las mandarinas en su bicicleta no duden en comprarle.

John Montilla:  Texto e imagenes 

Relatos en mi camino

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9-X-2023

domingo, 30 de julio de 2023

LESLY, EL PROFESOR Y LOS SUEÑOS

 Por. John Montilla

Ahora se llama Lesly,

Desde la primera vez que leí su nombre

Supe que algún día se lo cambiaría.

Nunca le expliqué la razón

Era muy niña para comprenderlo.

Tampoco tuve el valor de decírselo a sus padres.

Por eso no me fue fácil volver a encontrarla

Después de más de dos décadas.

Siempre tuve la curiosidad por saber que había pasado

Con esos chiquillos a quienes tuve como estudiantes

en primer año de escuela primaria.

Tanto para ellos como para mí

Fue una primera vez

Ellos iniciando la escuela;

en una zona apartada donde los niños pasaban directo de la casa al aula de clase.

Yo primíparo frente al tablero,

con mi mochila vacía de experiencia,

pero lleno en expectativas, energía, voluntad y ganas de hacer bien las cosas.

Me dieron el reto de enseñarles el A, B, C a ese grupo.

Y allí estaba esa niña, Lesly, se llama ahora.

Bella, curiosa, alegre, juguetona, inteligente y ávida de aprender.

Sonrisa a flor de labios y ojos a la expectativa cada día. 

Una radiante flor del campo, bañada con el roció de la mañana.

Pequitas en su rostro, alma de ángel, con un universo por conocer.

Un frágil pajarito al que le crecían alas para echar a volar. 

Ella aprendió pronto la magia de la palabra escrita,

A ella y a la mayoría de sus compañeros

les di las llaves de la puerta de la “entrada al saber”.

Les abrí las páginas de los libros y la biblioteca

y después de ese año me marché.

No regresé.

Un cuarto de siglo después vine a saber de ella.

Giros de la vida.

Siempre intenté encontrar a mi profesora de primero de primaria

Nunca pude conseguirlo.

Así que lo hice a la inversa.

Fui al encuentro de mi estudiante de primero.

Y lo logré.

En el mar de la tecnología, encontramos un puente que nos acercó.

Las primeras palabras del “reencuentro virtual” me alegraron ese día especial.

“¿Usted fue mi profesor de primero, verdad?

Es una sensación agradable saber que alguien te llevaba en su memoria. 

Le respondí que ella acababa de escribir una de las frases

más memorables que yo recordaba de mí trabajo como docente.

Me saludo de forma cordial

y a renglón seguido me dijo algo que me hace sentir orgulloso de mi profesión:

“La verdad no tengo ni idea porque yo lo quería tanto.”

Confieso que me emocioné,

Y mis pensamientos se pusieron a escarbar en el baúl de los recuerdos:

Le conté algunas cosas del pasado:

Que conservaba algunas fotos de su grupo.

Que aún recordaba el letrero que puse en una pared del salón de clase:

“De tu esfuerzo, depende tu futuro.”

Que aún tenía una hoja de papel con el nombre escrito de puño y letra de cada niño.

Le dije que fui el primero en llamarla por su segundo nombre.

Ella me dijo, entre risas:

“Odiaba mi primer nombre.”

Le dije que eso lo había intuido desde el primer día.

“Mis compañeros me hacían bullying en el colegio.” Me confirmó.

Le pregunté que si se lo había cambiado antes de cumplir 15 años.

Me dijo, que lo hizo antes de graduarse de la universidad.

Que no lo había podido hacer antes,

porque la situación económica no era la mejor en su familia.

“Pero que esas situaciones difíciles fueron su motivación para salir adelante,

Que siempre supo que no se iba a quedar como si estuviera atrapada en un hueco. “

“Que era una gran soñadora.”

Me contó con nostálgicas palabras:

“Me acuerdo que me acostaba en el patio de la finca en las noches a contemplar las estrellas y echaba a volar mi imaginación.”

Me contó que no fue fácil para ella la universidad.

Episodios:

-“Si me iba en bus no comía y si comía tenía que irme caminando una hora.”

Pero que nunca se desmotivó.

Que seguía con el sueño de no quedarse siendo una Cenicienta.

Uno de los tantos cuentos que les leí en clase.

“Siempre me imaginaba vestida super elegante y usando tacones.”

Pero con los pies puestos sobre la tierra.

Ahora, agradece que no tiene que andar en tacones porque no le gustan.

Volvimos sobre mis pasos, y se refirió de nuevo a mí:

-“Recuerdo que siempre le hablaba a mi mamá de usted.

Siempre le preguntaba qué:

¿Qué sería de usted?

¿Qué dónde estará?

¿Qué usted de donde era?

Y me reafirmó:

“Que siempre me tuvo en su pensamiento.”

Es casi lo mismo que toda la vida he pensado de mi profesora de primero.

Gratitud eterna con ella.

Me dijo Lesly “que siempre soñó con vivir en una ciudad grande.”

Ella más que volar en sus sueños.

Dio un gran salto.

Ahora vive en Australia,

la tierra de los canguros.

Estando ella tan lejos fue que coincidimos.

Cuando ella comenzaba a aprender una lengua extranjera.

Le dije que ahora también podría enseñarle eso.

Fue como reiniciar el A, B, C,

pero ahora en inglés.

Aunque la frase que me llegó a lo más profundo del corazón me la dijo en español;

fue como un premio por mi trabajo hecho hace ya tantos años:

“Usted ha sido mi profe favorito de toda la vida."

Me hubiera gustado poderle decir eso,

a mi profesora de primero.

Gracias: Lesly Roció.

***


John Montilla: Texto y fotografías 1, y 2 . Fotomontaje 3.  Lesly Rocio O. 4 y 5.

Relatos de mis memorias

Historias en: jmontideas.blogspot.com 

(13-V-2023) 

viernes, 26 de mayo de 2023

BLANCO

Por. John Montilla  

“En sus grietas lleva los colores del arcoíris.” (Ana Karina Blanco)

Me pregunto caperucita de blanco, cuantas veces caminaste por ese bosque, mirando mariposas multicolores y espantando saltamontes distraídos cuando tus inocentes zapatos de colegiala pisaban la verde hierba. ¿Cuántas veces la lluvia gris o un sol anaranjado habrán salido a esperarte en tu solitario camino?, ¿Acostumbrabas a llevar una pequeña sombrilla con estampado de flores en tu mochila escolar?  

Me pregunto si cuando te encontraba la lluvia te cubrías con grandes hojas que con tus delicadas manos arrancabas a alguna planta generosa que encontrabas en tu senda, o simplemente te ponías tu maletín en la cabeza y echabas a correr en un vano intento por esquivar las diáfanas gotas que te caían del cielo. Imagino que en las ocasiones en que llegabas a casa escurriendo agua de tus cabellos y uniforme escolar, de seguro te cobijaría tu madre con calurosas palabras llenas de amor, pero en la escuela ¿Quién te recibía con un cálido abrazo cuando llegabas mojada?

No te conocíamos, no pudimos conocerte por eso es que afloran tantas simples preguntas de lo que fue tu existencia.

¿Qué llevabas en tu maletín escolar aparte de los cuadernos? ¿Eran tus cuadernos de caratulas rosadas con imágenes de tiernos osos, o cachorritos de perros, o te gustaban los nuevos diseños multicolores con mensajes escritos en inglés? ¿Qué llevabas en tu cartuchera junto con los lápices y los colores?, ¿Un espejito?, ¿O buscabas ver la imagen de tu dulce rostro en el reflejo de la pantalla de tu celular?, ¿Te gustaba tener a mano un pintalabios de rojo carmín?, ¿Alguna vez estampaste besos en tus cuadernos con los labios impregnados con tu pintalabios?

¿Escribías poemas cortos en tus cuadernos cuando las clases te parecían aburridas?, ¿Hacías rayas, dibujos, letreros y cosas así en las últimas páginas de tus cuadernos?


¿Abrazabas a tus amigos del colegio cuando los volvías a ver después del fin de semana?, ¿Alguna vez se te hizo tarde para regresar a casa y algún compañero se ofreció acompañarte hasta tu hogar?,¿Recompensó tu madre a ese chico galante con una limonada, agua fresca, o un café con una de esas arepas que solo ellas saben hacer?

Perdona este vano intento por llenar con preguntas y palabras incomodas este gran vacío. Nunca sabrás cuanto silencio hay en tu casa, y cuanto silencio hay en tu cuarto. Tu cama fría, vacía. Cuanto dolor y cuantos recuerdos se encierran allí. No sirve de consuelo decir que nunca llegaras a saber que tu madre se encierra en ese cuarto, envuelta en el dolor, pero más en los recuerdos.

¿Tuviste juguetes?

¿Guardabas juguetes de tu infancia temprana?

¿Abrazara tu madre esos juguetes buscando el aroma de tu presencia?

Pero, dejaste diciendo en una carta, que añorabas juguetes.  

“Quisiera volver el tiempo atrás y disfrutar más; jugar con una muñeca, aunque toda niña lo hace, jamás lo hice.”

Todos lamentamos no haberte conocido antes, te habríamos obsequiado bellas muñecas.

Cuanta curiosidad siento por saber cuál sería tu libro favorito. ¿Cuántas historias habrás podido disfrutar?,

También me pregunto si alguna vez leíste El Principito y si te gustaba el capítulo en el que habla de que las flores son débiles, e ingenuas y que por eso: “se defienden como pueden y las espinas son su defensa.”  Como lamentamos el que no hayas tenido espinas para defenderte el aciago día en que un lobo de las tinieblas te envolvió con su oscuro manto y apagó los colores de tu arcoíris.

Cuanta razón tenías al escribir en tu carta “Hay momentos en los que me asusta crecer, siento que no estoy preparada para enfrentar este mundo sola.”

Es una desgracia que el mundo te haya dejado sola.

Por eso estamos aquí para decirte, que tus colores renacen, brota un rojo de furia, un carmín encendido de la indignación, un rojo de la sangre que llama, un purpura de dolor, un azul de un cielo que se asoma con pena por ser el testigo de la tragedia, un verde esperanza de las gentes buenas, un arcoíris que se refleja en las lágrimas de quienes te lloran, pero sobre todo renace un color claro transparente, como el de las aguas diáfanas que purificaron todo tu ser.  Tu alma y tu presencia etérea se envuelve en blancas nubes y emerges pura, diáfana, un copo de algodón inmaculado en el infinito, como el apellido que acompañaba tu nombre: Blanco.

Blanco es tu estandarte; es la tinta que escribe tu historia en un mundo oscuro y cruel. El blanco es eterno contigo por siempre niña. Camina ya sin miedo por tu sendero; el arcoíris va contigo. Ya no habrá más oscuridad, tu luz es tu guía. Corre para la escuela celestial niña, los ángeles te acompañan, en algún lugar alguien estará honrando tu nombre por siempre: Ana Karina Blanco.

*** 



John Montilla (21-V-2023)

Imágenes. Tomadas del perfil de Facebook de Ana Karina Blanco Duran.

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BANDIDAS GALLINAS

 Por. John Montilla


Un grupo de gallinas “peladas”,

que no tenían donde caerse muertas;

Sin un dólar bajo las alas.

Sus pollitos estaban: “Pío, pío, pío,

porque tenían hambre, porque tenían frío.”

Estaban prácticamente en la olla.

La gallina más vieja dijo:

“Tenemos que hacer caldo, digo algo.”

Entonces desesperadas decidieron crear una banda delincuencial

para ir a “desplumar” un restaurante.

Una dijo:

- ¿Pero, por qué un restaurante, no es mejor un banco?

Y otra le respondió:

-Tranquila vamos poco a poco, recuerda que:

“De grano en grano llena la gallina el buche”.

Todas estuvieron de acuerdo;

menos el gallo; pues le dio miedo.

Resultó una completa “gallina”.

Una le dijo:

- “Te faltan de esos ovalados que ponemos nosotras y que los humanos se comen fritos.”

Trataron de convencerlo con este argumento:

“Quien no arriesga un huevo no tiene un pollo.

Pero el gallo no respondió nada.

Humillado y en silencio “ahuecó el ala.” 

No lo volvieron a ver.

Como ya tenían las cosas claras “y sin yema”.

Planearon dar el golpe en lo oscuro de la noche.

Pues el dueño “se acostaba temprano como las gallinas”,

Decidieron salir en plena hora “pico”

para camuflarse entre la gente.

Y así lo hicieron.

Todo iba bien, lograron meterse al restaurante.

Pero una gallina “metió la pata”.

Voló a un estante,

se echó en una paila

y puso un huevo.

Luego se puso a cacarear.

Con la bulla despertó a un gato que allí estaba,

El cual pegó un saltó sorprendido.

La gallina se asustó y se vino al suelo

Con estante, paila y huevo.

No se sabe si cayó primero el huevo o la gallina,

o tal vez la paila.

El huevo cayó dentro del sartén

Y quedó hecho perico.

Se formó tal estrepito que alertó a mucha gente,

Llegó la policía

Y agarró a las gallinas con las manos en la masa,

*Corrijo: “Con las “alas en la masa”

*Corrijo otra vez: “Con el pico en la masa.”

y también con el pico en la mesa.

Total, la policía les “echó mano.”

En la mesa, “la gallina y el marrano se cogen con la mano”.

Aunque “A - las” gallinas no se las puede esposar,

Pero sí, despostar.

La muchedumbre gritaba que las enviaran a “La Picota”.

Y ahora el dueño del restaurante a las gallinas bandidas,

las quiere ver:

“presas”

***



John Montilla (16-IV-2023)

Cuentos para Gabriela

Fotografía: 1. Fotomontaje con imágenes tomadas de internet. 2. John Montilla.

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viernes, 7 de abril de 2023

DIME KARINE

Por. John Montilla

In Memorian:

“Si pudiera escribir como usted, quisiera contar esta historia.” (Karine Medina)

                                           

Y como ya no estás amiga para contarla, entonces lo haré yo mismo, tus palabras más que autorizarlo, me lo piden.

“Nos conocimos” el día que de manera cordial escribí una crítica en sus redes sociales, porque ella había publicado la foto de un paciente en una silla de una sala de odontología; ella era auxiliar. Creo haberle dicho algo así como que no estaba siendo discreta con la intimidad del paciente, que a muchas personas no les gustaría que les tomen y les publiquen una foto en esas circunstancias. No recuerdo bien cuál era el propósito de la publicación.

Ella no me respondió de forma tranquila, más bien diría yo, que salió con piedras en la mano a defender su fotografía. Recuerdo que dijo que le habían pedido al paciente que les autorice hacerlo y que él había estado de acuerdo y agregó otro tipo de cosas. Yo le rebatí su posición y nos agarramos en una discusión escrita, debajo de la publicación; nadie más intervino. Argumento iba y venía en tono firme pero cordial. Luego para no seguir el debate de manera pública decidimos seguir el tira y afloje en el chat privado. Al final, no estoy seguro de quien le dio la razón a quien. Fue una “pelea noble”.  Lo único cierto es que, a partir de ese día, seguimos compartiendo información, luego nos agregamos como contactos y de así creció una linda amistad virtual que duro varios años.

Ella un día la describió así:

“Extraña amistad, pero muy bonita.” “Le he contado a algunas personas.” “Les parece raro, pero dicen que son cosas que en la vida pueden pasar.” “Somos del mismo lugar, nunca nos hemos visto pero si hablamos por redes con mucha confianza.”

 Por cuestiones de trabajo se fue para Guatemala, y desde allá me contaba de sus ratos de nostalgia: 

“Tengo un par de negocios”, “Pero, me hace falta la tierrita.” Me decía que extrañaba mucho la cultura y sobre todo extrañaba la comida.

 Cierta vez le pedí que me contara de cosas típicas de allá que le gustaban y me menciono tres: Caldo de frijoles tradicional, hilachas de carne al estilo guatemalteco y una comida rápida a la que llamó “shuco”, cuando le pregunté que era eso me respondió:

“Es como un perro caliente, pero le ponen de todo.”

Cuando le puse este reto: “Shuco o tacacho”, me dio una hermosa respuesta:

“¡Tacacho!

“No lo dudo.”

“Y con plátanos del Putumayo.”

“Toda una vida.”

J.M 

Me decía que siempre leía mis publicaciones

 “Yo leo lo que sube.” Y yo le seguía sobre su vida en el exterior: trabajaba, conoció a alguien, se casó, la vida le sonreía, pero sus problemas de salud eran el principal obstáculo de su tranquilidad. A pesar de eso no perdía su carisma y talante positivo: “He estado viviendo en el hospital.”  En cierta ocasión regresó Colombia y estuvo en nuestro pueblo, pero no me enteré y por supuesto no pude verla ni conocerla. Sus problemas de salud y el tiempo no lo permitieron:

“Hasta paré en el hospital de Mocoa.” “No tuve tiempo ni para visitar a toda mi familia.”

 En la última conversación que tuvimos me pidió que le ayudara con palabras:

 “Tengo un grupo de Facebook de mujeres; antes era de ventas; pero ahora que yo lo administro quiero cambiar el propósito del grupo. quiero que sea para chismear, consejos, un espacio de desahogo, para subirnos el ánimo y cosas como esas.”

 “No sé qué nombre ponerle... tengo una palabra en mi cabeza, pero no logro darle forma.”

 Quedamos en retomar la charla ese día a media tarde, pero nunca lo hicimos.  Me escribió unos días después y me dejó de manera premonitoria sus últimas palabras:

 “Hola

Regresando desde el más allá.

Casi muero.

Pero aquí estoy de regreso.”

Pero, ya no regresó más al chat, me enteré de su fallecimiento dos días después de que había sucedido. No puedo describir la sensación tan extraña de vacío y nostalgia que me dio al enterarme de la noticia.  Estaba frente a la pantalla del computador buscando un cuento para leerle a mi hija. Entonces decidí contarle esta historia. Al terminar; la frase que mi hija expresó resumía mis sentimientos.

“Yo también tengo ganas de llorar.”

 Karine me dijo un día: “Yo le tengo mucha admiración y espero poder un día conocerlo.”

 Un día de carnaval del seis de enero de hace unos años, estuvimos a menos de 50 pasos de distancia, pero no pudimos conocernos. Lo supimos después de pasado el evento y cuando ella estaba de regreso en Guatemala y cuando hablamos de donde habíamos estado ese día.

 Alguna vez le escribí: “Me hubiera gustado poderle decir, aunque sea “hola”… pero en persona.”

 Eso ya no será posible; tampoco podré decirle el nombre que había pensado para su grupo, por eso decidí ponerlo de título para esta historia que me pidió que contara.

Descansa en paz amiga Karine Medina.

 


***

John Montilla (6-IV-2023)

Relatos de mis memorias.

Fotografía: Tomada del perfil de Facebook de Karine Medina. 

Historias en:  jmontideas.blogspot.com

  

domingo, 2 de abril de 2023

OTRA VICTIMA

Por. John Montilla


La otra víctima de la tragedia de Mocoa, es el río.  Lo digo en singular, pero refiero a todas esas aguas que por años han bañado a nuestro pueblo. Ahora le llaman monstruo, pero es una víctima más. Durante tiempos inmemoriables ha nacido en el verde lecho de los bosques bajo el cobijo de nubes grises y echado a correr cual niño alegre hacía abajo. Un infante que se aleja de las faldas de su madre la montaña. Una madre que no le corta su cordón umbilical, sino que lo estira en la lejanía hasta el encuentro con los mares.

Nosotros usurpamos su territorio, lo arrinconamos con muros, ladrillos, maderos y cuanto material se pueda. Él se recoge cual animal herido, pero no muerto, y de repente da un coletazo vital y para nuestra desgracia se llena de energía y recobra la memoria de su cauce y nos enseña que no es un simple juguete elástico que se estira y se encoje, sino que es una gran y bella serpiente azul durmiendo y que con las grandes lluvias que se escurren de las esponjas de los bosques, se nutre, se crece, se retuerce y se enfurece. Y entonces arrasa cuanto encuentre a su paso. Vuelve a recorrer sus terrenos ancestrales, pero ese recorrido otrora lleno de árboles está lleno de cemento, ladrillos, latas, tejados, paredes, armarios, mesas, sillas, neveras, cachivaches, ropa, juguetes y lamentablemente también muchas personas.  

El terrible recuerdo de las memorias de sus pasos antiguos, nos deja lágrimas, destrozos, huérfanos, dolor y tristeza.  Y entonces todos los dedos acusadores apuntan hacia él, como la gran bestia que hay que domar; y entonces lo queremos atrapar en jaulas de hierro y cemento. Monstruos metálicos amarillos y ruidosos se envían a su lecho. Hieren con palas mecánicas su estropeado cuerpo, se le extirpan su rocas, arena, piedras y barreras naturales, en un vano intento por moldear en líneas antinaturales su sinuoso cuerpo.

Fotografía: Mao Fajardo


Pretenden enjaularlo en un guacal hecho con alambres, piedras y cemento. Pero el se resiste, de cuando en cuando; se retuerce, y desajusta las trampas.  Es como un dinosaurio despierto en una jaula construida con palillos; un King Kong atado con cadenas de papel que se despierta de su letargo inducido con pócimas caras e inútiles. Un Godzilla acorralado con meras promesas y encandilado con pajaritos pintados en el aire. Pero no es un monstruo como aquellos, es una víctima más que reclama su espacio, una víctima más que reclama los árboles de cachimbo, chíparo y tantos otros ya perdidos; una víctima más que reclama esos frutos exóticos de antaño: churimbas, pomarosas y guayabas que solían encontrarse en sus orillas. Una víctima más que ya no volvió a tener peces. Una víctima más que reclama garzas, martines pescadores, renacuajos y caracoles.

Ese río no es un monstruo, es un ser indefenso, es como un milenario anciano que se está volviendo niño. Un viejo que vuelve sobre sus pasos. Un “Benjamín Button” decreciendo, pero que se resiste a desaparecer. Y por eso a ratos vuelve a crecer y entonces se baña el rostro con aguas turbias. Un ser de otros tiempos que lava con sus aguas su propio lecho e intenta quitarse de encima los pañales que le hemos llenado de inmundicia en décadas de indiferencia y abandono.  

A esta victima desamparada hay que mirarla con otros ojos y también hay que tenderle una mano amiga.

***

Fotografía: Mao Fajardo


John Montilla: Texto y fotografía de portada (1-III- 2023)

Crónicas de Mocoa

Imagen de portada: Tomada en una intervención artística hecha sobre las ruinas de una casa después del desastre. (

jmontideas.blogspot.com

 

miércoles, 11 de enero de 2023

FRESCOS RECUERDOS

 Por. John Montilla

 Lo que voy a narrar “no es falso como las vitaminas que trae el fr …tiño.”

No sé si aún se consiga en el mercado ese producto, se llama o llamaba Fresco Royal, en otros tiempos, no lo ofrecían con todas las bondades con que promocionan esos “polvos alimenticios” de ahora, en las que dicen que son más saludables que las mismas frutas.

Recuerdo que, en tiempos de mi escuela primaria, existía la costumbre de vender ese polvo del Fresco Royal por cucharaditas y mezclado con azúcar. ¡Tremenda golosina, de milagro estamos vivos con esas cargas tan grandes de dulce!

 Vendían la porción envuelta en cartuchitos de papel por el precio de centavos o un peso de la época. Lo sabíamos compartir echándonos de a poquito en la palma de las manos y lo comíamos untándonos y chupando un dedo que sabía terminar teñido del color del producto. Me pregunto cómo estarían esas manos a la hora del recreo. Nuestra generación agarró todas las defensas del ambiente, sobrevivimos a todas las vicisitudes de una época.

 Los vendedores a veces solían mezclar los sabores de esos polvos alimenticios. Ellos, que eran estudiantes de los cursos superiores llevaban un frasco lleno de esa mezcolanza, y al terminar el día lo llevaban vacío de vuelta a casa. Lo sustancial, era tener el frasco, una cucharita para medir la porción, los papelitos para empacar, un monedero para guardar las ganancias, y el capital inicial para invertir en el dulce negocio. Un emprendimiento del ayer.


Ese “polvo mágico” en algún momento desapareció del mercado, porque fue aplastado por el peso de la publicidad de otro y hace años no volvimos a tener noticias del tradicional Fresco Royal. También, tuvo competencia, con otro producto, que no pego mucho quizás debido a que su nombre venía en inglés “Kool Aid” y a la gente le quedaba como difícil repetir en las tiendas lo que decían en la televisión: “Cul-eid- cul-eid”. Los muchachos si eran buenos para repetir ese estribillo en la calle, pero dándole un giro picaresco al referirse al producto:

 “Yo ya no tomo Fresco Royal, ahora me la paso es “Culeid- culeid”.”

Ese “polvo pinta tripas” como le dice alguien que conozco y a quien nunca le han gustado esos productos, sabía tener como figura de presentación una elegante jarrita animada, con traje y corbatín, tan elegante como la dama que alguna vez vendía esa golosina en la escuela y a quien volví a ver años después de pura casualidad. Estaba radiante y élegamente vestida, me saludó sin detenerse con un simple “hola” y una amable sonrisa; yo no pude evitar recordar que hace muchos años le vi un piojo en una de sus orejas, mientras me vendía una porción de Fresco Royal.

***

John Montilla (17-X-2022)

Relatos de mis memorias

Imagen: Tomada de una de mis revistas de colección. 

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