miércoles, 16 de abril de 2014

"Mansa" fiesta brava.

Por.  John Montilla 


Por estas fechas,  el Barrio San Agustín uno de los más tradicionales y populares de Mocoa, celebró su aniversario 70, y dentro de las actividades conmemorativas, organizaron otra vez y a su  manera su ya característica  y particular “corrida de toros”.

La “fiesta brava” del Barrio San Agustín es  especial porque  se pretende divertir a la muchedumbre, pero tratando en la medida de lo posible de no causarle ningún daño a los animales. La jocosa corrida se realiza en un improvisado y artesanal ruedo construido con guaduas en las instalaciones  del polideportivo de la localidad, y sobre el cual se esparce aserrín para evitar que los animales se estropeen en el sólido suelo.


Este tipo de evento que convoca a una gran multitud  es único en Mocoa. Ante el porqué se organiza en este barrio; nos atrevemos a hacer dos afirmaciones: Una porque ya es un hecho probado el carácter solidario, organizativo y de unión de sus vecinos. Lo  otro que nos aventuramos a decir es, que quizá esto se deba a la gran afinidad que tienen muchos de sus habitantes en el trabajo con el ganado vacuno. Para ello es de recordar que hasta hace unos pocos  años el matadero municipal  de la ciudad tenía su sede en el Barrio San Agustín; de ahí que, tal vez  por  esa cercanía y por cuestiones del mismo trabajo varios de sus habitantes son muy diestros en el manejo del ganado. Muchos de sus veteranos residentes desde   niños acostumbraban a observar las  frecuentes  peripecias de los vaqueros en la calles cuando se arreaban o llevaban reses muy ariscas para el sacrificio. Algo de todo eso debió quedarse aprendido durante el trascurso de los años y que luego derivó en la organización de este inusual espectáculo para la capital del Putumayo.

Como se  anotó antes la  “fiesta brava” del Barrio San Agustín, afortunadamente no tiene  ingredientes de crueldad para con los animales; sin embargo, no deja de tener su tinte “morboso”, por cuanto me atrevería a afirmar que la gente no quiere que se le haga daño al toro, pero  “goza y se desternilla de risa” cuando la  bestia atropella a los audaces e  inexpertos que se atreven  a fungir  de toreros; cuyo entrenamiento para estas lides se basa en los años de experiencia en el trabajo como vaqueros, así como también no pueden faltar aquellos que  muestran su arrojo cuando se han metido entre pecho y espalda más de una copa que les hace disipar  sus temores para enfrentar con un simple poncho a las más que bravas , ariscas bestias.

 Sobre este punto, se me vienen a la mente las palabras de mi maestro de literatura española, quien alguna vez afirmó en clase que para  los españoles  el momento cumbre de la faena es cuando el toro embiste  al torero, según decía él: “Los españoles van a una corrida porque quieren ver el momento sublime en que al toro hiere  al torero”. ¿Será que este es un sentimiento colectivo universal?, Habría que documentarse muy bien sobre ese tema para atreverse a dar una respuesta.

No obstante   en la “mansa fiesta brava” del Barrio San Agustín, hubo momentos riesgosos en los que osados aprendices de toreros estuvieron a merced de los animales, y contrario a lo que podría pensarse, me atrevo a afirmar que esos fueron los instantes que más disfrutó la multitud. Muchos de aquellos momentos de mayor gozo eran motivados por las arengas del animador del evento y del público que impulsaba a los  valientes a ejecutar sus maniobras  más atrevidas frente a los animales. Otro apunte que no puedo dejar pasar sobre este evento es el hecho de tirar una pesada oreja de res de un lado a otro; la intención en si es sólo una: tratar de que le caiga encima a algún parroquiano que este descuidado. Esta acción lejos de perderse cada año se va consolidando entre los asistentes a la corrida.
De todas formas, la celebración del aniversario del Barrio San Agustín -que ya se está convirtiendo en una tradición; incluida, claro está, su original corrida de toros y vacas-; nos deja las siguientes conclusiones: Primero que todo hacerle un reconocimiento a sus habitantes por su capacidad de organización, en segundo lugar ellos nos han  demostrado que es posible organizar este tipo de espectáculos sin que medie la crueldad extrema de por medio.

Igualmente cabe resaltar el poder de convocatoria que genera este tipo de eventos, con lo cual se demuestra que el pueblo de Mocoa está ávido de distracciones diferentes para su sana recreación y esparcimiento, y por último señalar una vez más lo incomprensible y contradictorio que pueden llegar a ser los sentimientos humanos.


Schopenhauer  lo sentenció así: “La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro,  que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona.”




John Montilla: Texto y fotografías. 
 Esp. Procesos lecto-escritores

sábado, 25 de enero de 2014

EL SUSTO DE CANUTO

 Por: John Montilla


La siguiente original y  espontánea  anécdota  pertenece a la historia del hoy municipio de Puerto Guzmán  (Putumayo) y tuvo lugar por allá en 1973,  época en que se estaba ejecutando la construcción de la carretera que llegaría a la inspección de Santa Lucia; lugar en el cual  duró mucho tiempo narrándose este singular episodio que a continuación les relato:
 

Por aquel entonces, los habitantes de dichas zonas ya estaban enterados de que pronto llegaría hasta ellos la carretera que los conectaría con el resto del departamento;  y ante los rumores de ese inminente próximo  suceso, se había despertado en ellos la curiosidad  por ir a presenciar  y ser testigos directos de los trabajos que se venían desarrollando. Si en los adultos  había crecido  dicha  expectativa, este sentimiento  era mucho mayor en los niños   que  ansiaban también poder contemplar lo que sus padres comentaban.
De ahí que el futuro acontecimiento se convirtió  en la atracción de la comunidad;  tanto así que en la escuela de la localidad, uno de los planes en los días de jornadas de recreación escolar consistía en ir  de paseo  hasta el punto donde venía la construcción de la vía, con el único propósito de ver a los obreros trabajar  arduamente en el  “empalancado” (acción de poner madera  en la trocha para darle firmeza al terreno)  y el  posterior relleno con  balastro para de esta manera irle ganando  metro a metro un sendero  libre a la selva.  


Pues bien, un buen día a doña Olga Gómez  de Córdoba, la profesora de la escuela, también se le ocurrió llevar a todo el curso de paseo hasta la zona de los trabajos; la atracción de los niños era  contemplar  las máquinas y las grandes volquetas trabajando a toda marcha. El grupo escolar llegó hasta un sitio  permitido al lado de la nueva carretera y se sentaron a presenciar  las labores de hombres y  a esperar con ansia la llegada de la maquinaría pesada para verlas en acción.
 
Resulta que la gran mayoría de estudiantes ya habían pasado por allí con sus papás cuando iban al mercado hasta un caserío cercano (El Jauno), razón por la cual  la profesora considero inoficioso ilustrar  a sus estudiantes sobre dichos aparatos mecánicos, pero  ella no cayó en cuenta que también había una minoría que nunca habían sido  llevados por sus padres hasta esa zona; entre ellos se encontraba Canuto, un humilde muchacho, algo tímido,  quien al igual que todos los demás primerizos aguardaba con gran expectativa el acontecimiento completamente novedoso para él.

El momento cumbre del paseo llegó  cuando se escuchó  en la lejanía un ruido estremecedor  que rompió la tranquilidad del bosque y  apareció  de manera paulatina en una curva  una tremenda volqueta que rugía fuerte y fatigosamente en el escabroso terreno- La profesora tampoco considero necesario decir  “allí viene una volqueta”-  Pero,  debió haberlo hecho ya que Canuto, que nunca había salido de su casa y que  jamás había visto un “monstruo” de esos en su vida, echó a correr despavorido monte adentro por la aterradora  impresión que esa descomunal máquina le había producido.

Ante esta insólita reacción del muchacho, dicen que la profesora bastante preocupada, se puso a llamarlo a grandes voces junto con los demás estudiantes; pero todos esos gritos  multiplicados  por la tranquilidad   del bosque se perdieron inútilmente en las profundidades de los montes circundantes. Entonces ante la imposibilidad de adentrarse en la espesura para ir en la búsqueda del asustado fugitivo; el grupo decidió regresar  al pueblo. Todos fueron directamente hasta la casa del chiquillo a dar la mala noticia a su familia y entonces se encontraron con la sorpresa de que Canuto hace ratos  ya estaba en casa.
 
Crónicas de Puerto Guzmán.
Recopilado por John Montilla, Esp. Procesos lecto-escritores.
Fuente: Edgar Morillo

















Mocoa: ¿Un almorzadero?

 Por: John Montilla.

La  casualidad  hizo caer en mis manos una pequeña revista del aniversario  425  de la ciudad de Mocoa; La fecha de su publicación es de 1988, es decir  el folleto  tiene ya sus veinticinco  abriles encima  y por ello está un poco deteriorado y lo que es más triste: con algunas páginas faltantes.

 La publicación tiene varios artículos de interés,  pero entre los que me llamó la atención está uno llamado: MOCOA ELECTRIFICADA Y CON CARRETERA AL HUILA en el que se encuentra una caricatura en la que se puede ver en primer plano a tres pollitos que le preguntan a su progenitora:  Mami ¿Qué futuro nos espera con la vía a Pitalito?, los críos no saben que la gallina se imagina tristemente una olla para un sancocho.  La imagen acompaña el encabezado  de una reflexión de la señora Luz Ángela Flórez de Rivera que titula: Sancocho mocoano y algo más; y esta inicia así: “Se equivocan quienes creen que la carretera a Pitalito nos situará en la condición de…”  (y aquí es donde lamentablemente falta la página siguiente, y por eso, me atrevo a terminar la frase) :  “un almorzadero”.

La anterior afirmación me lleva  a  analizar  según otros de los apartes del mismo artículo, lo que los  habitantes de Mocoa pronosticaban  por aquellas fechas. En otro encabezado titulado: Barreras que limitan el cambio; la autora antes mencionada señala: “Si la historia no nos miente, Mocoa fue fundada hace  425 años. Y a pesar de llevar tantos años a cuestas, no es una ciudad vieja porque no ha terminado de nacer. Aislada, sin servicios adecuados, sin servicio de luz permanente, se le han negado los recursos mínimos para llegar a ser adulta.”
 
Entonces  uno se pregunta, veinticinco años después, ¿Cuántos de  esos obstáculos aún persisten y cuántos  de ellos ya han sido superados?,  ya que la radiografía que se hacía por esas épocas es muy cruda, como se puede leer en el siguiente fragmento que es la continuación del mismo texto:

 “Dependiendo de la burocracia oficial – que en muchos casos ha frenado sus posibilidades - ha condicionado su libertad,  convirtiendo al mocoano en un esclavo que tiene miedo de pensar, miedo de hablar, y miedo de reclamar sus derechos, por el peligro de perder el puesto y con él, el sustento de su familia.”
De ahí que uno puede inferir, que  para los habitantes de la capital  “la gallina de los huevos de oro” siempre ha sido el aparato burocrático, según lo plantea Alfonso Quiroga  otro de los autores que  aparecen en el folleto. En su artículo titulado: Algunos rasgos económicos y sociales, él escribe: “El dinero que circula en Mocoa proviene - en una gran proporción - de los pagos que hacen las diferentes entidades estatales a sus empleados, obreros, contratistas, y suministradores… de ese modo, la subsistencia del mocoano depende básicamente del dinero que brota del aparato estatal y  del comercio que se deriva de la demanda que nace de esa fuente de ingresos… ”

Entonces, ante está coyuntura,  la señora Rivera, también se refiere a los  aires de  cambio que se esperaban por aquellas épocas, basados principalmente en  el punto de quiebre que significaría la  apertura de la nueva vía a Pitalito y la electrificación del departamento del Putumayo, ella anota : “Hay que hablar de la esperanza de romper  esas barreras que limitan el horizonte, permitiendo desarrollar industrias que generen empleo y estimulen la formación interna de personas con capacidades y con una visión distinta del progreso.”

Esa es la misma visión que en cierto sentido compartía el señor Quiroga al plantear el dilema: “Seguimos siendo un centro administrativo (consumidor) o  movilizamos nuestros recursos y  los combinamos en empresas productivas  (urbanas o rurales) que generen empleo y riqueza regional propia.”  En otras palabras: Seguimos explotando la gallina de los huevos de oro, o nos ponemos a criar gallinas para venderlas con huevos incluidos.

El  autor previamente citado es muy claro al  sentenciar:  “… Es preciso decidirse: Cambiamos nuestra fisonomía económica  o nos quedamos de almorzadero de todos los que pasaran por la capital.”

Pues bien, un cuarto de siglo después, habría que analizar que tanto han cambiando esas perspectivas de entonces;  de lo que sí somos testigos ahora,  es de cómo esa carretera que se visualizó como la gran esperanza de la capital,  ha servido principalmente para que  los conductores de grandes tractomulas se detengan  a  almorzar  en Mocoa el famoso sancocho mocoano, mientras sus habitantes nos quedamos viendo como la riqueza sale ante nuestras narices y únicamente  nos va quedando el malestar  por todos los inconvenientes que se han venido presentando, entre ellos  el deterioro de la vía que tantos años tardó en construirse:   A Mocoa por ahora sólo le queda el plumerío.

(Portada y caricaturas tomadas del folleto de la celebración del aniversario 425 de Mocoa)
Coletilla: Si alguien tiene el folleto completo y quisiera compartirlo quedaría muy agradecido.
John Montilla
Esp. Procesos lecto-escritores



lunes, 16 de septiembre de 2013

A las carreras

Por: John Montilla.


De  cómo el trabajo académico de años se puede ir al traste en minutos por cuestiones ajenas y ridículamente absurdas.

Para empezar debo exclamar: ¡Que no es  posible que se les olvide instalar la alarma la víspera del día en que tienen que madrugar para ir a presentar las pruebas ICFES! Porque esto implica salir  a las carreras de casa, sin desayuno y  con la tranquilidad ya perdida.

Esta situación de urgencia  experimenté  debido a que tuve que llevar de manera apresurada a alguien de la familia hasta la puerta de entrada del establecimiento educativo donde tenía la  citación, para  que presentara las pruebas de estado. Por eso pude ver a un gran número de estudiantes de grado once de varias zonas del departamento, cuando  se disponían a  presentar las pruebas saber ICFES. El hecho de ser testigo me sirvió para percibir no sólo la las expectativas y ansiedad de algunos,  sino también me percaté de ciertos detalles de cómo algunos  jóvenes no toman las cosas con la seriedad del caso.
 
Inicio con el siguiente ejemplo: Justo cuando faltaban pocos minutos para empezar la prueba,  la jovencita a quien yo había llevado hasta el colegio , me pide que haga el favor de llevar a una de sus compañeras de clase hasta su  casa, porque había olvidado traer su documento de identificación.  ¡No puede ser !, les digo: Porque esa es una de las recomendaciones que más se les recalca. De todas formas accedí a llevarla; el problema fue que ella vivía  en uno de los extremos de la ciudad; obviamente cuando regresamos, la  prueba ya había iniciado. Conclusión: Preocupación ganada y  minutos preciosos perdidos.

Luego, en el camino a casa  veo a dos jovencitas con sendos lápices en sus manos y también a las carreras, pero no en dirección del colegio, sino para otro lado; obviamente deduje que iban retrasadas, me detengo al lado de ellas y les pregunto: ¿Qué pasó, se equivocaron de institución?, Respuesta: “Olvidamos los documentos de identificación”, Contraviniendo las normas,  me ofrecí a llevarlas y traerlas a ambas a la vez;  me pregunto qué calma pueden tener después de ese trote.

Ya de vuelta al colegio con las dos estudiantes - que por fortuna no vivían muy lejos -, indago a los porteros por el asunto y me dicen que  hay varios estudiantes en carreras por diferentes circunstancias. Entonces, decidí pararme en la entrada y observar más  detenidamente, la cuestión de los afanes de última hora.
 
Precisamente, lo comprobé, cuando una joven se baja apresuradamente  de un taxi, y  justo cuando a la entrada le preguntan por el documento de identidad, lo único que hace es agarrarse la cabeza a dos manos, maldecir, y  corra a  agarrar el vehículo otra vez, ignoro a qué horas regresaría.

Luego, cuando veo a un joven desesperadamente buscando algo, se me sale lo del buen samaritano, y  le preguntó si le puedo ayudar en algo; me dice que también olvido los documentos; el problema es que vive en las afueras de la ciudad; por eso buscaba afanosamente –a esas horas- servicio de teléfono para hacer una llamada a su casa, para que le envíen  lo que necesitaba. Apostaría  a que no presentó las pruebas.

A propósito de llamadas, no obstante estar muy claro en el documento de citación la prohibición del ingreso  de celulares y todo tipo de aparatos electrónicos, más de uno hace caso omiso de la restricción; ojalá no se hayan olvidado de apagar esos aparatos pues esto puede acarrear sanciones, además todo tipo de interrupción es un falta de respeto  a los jóvenes que se toman las cosas con seriedad. No está por demás anotar que  algunos no llevaban ni los elementos elementales para presentar la prueba, por eso no me pareció extraño ver partir  en dos un lápiz nuevo. Algunos de los que llegaban retardados  ni siquiera le habían sacado punta al lápiz.



Otra persona, llega con el documento de citación y todos los papeles en regla, pero no tiene la certeza de la  institución educativa  donde debe presentarse, ¿Por qué no lo averiguó antes? Le permiten ingresar, y al rato se la ve salir a toda prisa, pues le toca realizar el examen  en otro colegio. A todas esta ya hace media hora que inició la prueba. Alcance a notar que se subió en una  buseta. ¿A qué horas llegaría?

Para completar el cuadro, llega una estudiante en estado de embarazo, en compañía de otra más jovencita. E igual: olvidó sus documentos, el problema es que no viven cerca del colegio. Los porteros ya no saben que decir. La desafortunada chica sólo atina a decirle a la niña que la acompañaba, que vaya corriendo por el bendito documento. La muchacha sólo atina a hacer un gesto de resignación y sale corriendo en dirección a su casa. Por mi parte ya me estaba cansando del tema,  pues me dije: “no es asunto mío”, pero tras un par de minutos de vacilación,  decidí alcanzar a la niña, para ayudarle a cumplir su cometido. El problema fue que cuando regresamos con la cédula, la futura madre se había ido en otro vehículo. Al parecer ella no se percató de mi ayuda.  Lo único que pudimos hacer fue decirle a la niña que  espere hasta que ella regrese. También ignoro si alcanzó a ingresar hasta la hora límite.

Tampoco puedo dejar de anotar que el día fue bastante caluroso, lo cual  hace que sea un poco más fatigoso el estar sentado varias horas contestando una prueba de ese talante. De ahí que la curiosidad me lleva imaginar, en como la pasarían, aquellos que les dio por “darse un escapadita”  la noche previa a este importante compromiso.

Más tarde me enteré del caso de un estudiante que no presentó la prueba, simplemente porque malgastó el dinero que  sus padres le habían dado  para que pague la inscripción previa. Pero el joven engañó a su familia, simulando presentarse a la prueba: Madrugó, llegó al colegio, pero obviamente no pudo  ingresar, en vez de eso se ausentó de casa todo el día, y luego apareció a la hora de salida para tratar de encubrir su farsa. ¿Qué irá a decir para esconder los resultados?...   a preparar otra mentira.

Todos estas prisas estudiantiles  narradas no tendrían trascendencia, de no ser  porque el trabajo de años de instituciones, profesores y  padres de familia  se puede ir al traste en minutos, por cuestiones completamente ajenas y casi que  ridículamente absurdas, pues está demostrado que si se toma la prueba muy en serio, un resultado óptimo en el  ICFES bien puede llevar a los jóvenes  a más saludables y provechosas carreras.

John Montilla:
Esp. Procesos lecto-escritores

(Imágenes internet)











LA MANO DEL POLÍTICO

Por: John  Montilla

¿Alguna vez le ha dado la mano  a usted un político en campaña?  … Esta fue la pregunta que se me ocurrió hacerle a un reducido número de personas; debo resaltar que entre  las  respuestas que obtuve  voy a consignar   las que me parecieron  más significativas; la razón que me impulsó a realizar  esa pequeña encuesta  fue el proveerme de opiniones para poder relatar una anécdota que tengo guardada hace ratos.

Empiezo anotando la respuesta  de un amigo, que por  cierto es un gran pintor y de cuyas artísticas  manos salen con la ayuda de lápices, pinturas y   pinceles  unos  hermosos  paisajes, loros y papagayos multicolores. Pues bien, este hombre del arte y cuyos dedos manchados de múltiples tonos de color  semejando un arcoíris perdurable  me dice: “Por ahora mis manos están vírgenes con respecto a ese tema.” Es decir, nunca le ha dado la mano a un político; cosa que es casi muy difícil de encontrar. Él asegura: “A veces ni me doy cuenta, quienes están en campaña.” Luego afirma de manera categórica: “Nunca le he dado la mano a ningún político, siempre voto en blanco.”
  
 Pero algunos no podemos evitar enterarnos de que hay campañas políticas  y en determinados momentos nos vemos presionados o empujados por diversas circunstancias  necesariamente a “ser saludados” por un político  en campaña; y es aquí donde yo quisiera aconsejar a ellos que  no le den la mano a todo el mundo; pues les puede pasar lo mismo que le pasó a uno de estos personajes en una de esas repetidos esfuerzos para conseguir el favor de los votantes. He aquí la historia:

El pleno furor de una campaña electoral venía un candidato saludando de manera afable y cordial a todos los transeúntes de un sector  popular. El personaje iba de acera en acera y de puerta en puerta,  saludando a cuanta persona encontraba a su paso. Pues bien yo me encontraba junto a un par de conocidos,  uno de ellos estaba agachado tratando de encontrarle una falla a su motocicleta, cuando se percató de que venía el candidato. El hombre al verlo dijo por lo bajo: “Ya viene un  … ¡&*%/8””+%! …  de esos.”
Y acto seguido, sin que pudiéramos evitarlo, justo cuando el personaje se aproximaba y ante el asombro de nosotros dos, de manera disimulada se escupió  rabiosamente en las manos, se untó  a propósito grasa de la cadena de la moto  y luego procedió a asentar  las manos contra el polvo de la calle sin pavimentar y por último se las froto suavemente y con deleite. El hombre  fingiendo revisar una llanta de la motocicleta espero de la manera más seria posible la llegada de su “victima” que ajeno  a la situación se acerco a saludarnos cordialmente. Cuando le tocó el turno  al bromista,  este le dio al candidato un firme y cálido apretón de manos y una cariñosa palmada en la espalda mientras le aseguraba  que él era el único candidato por quien valía la pena votar.

 


Ya podrá el lector imaginarse el resultado de esa grosera acción cuando  el personaje desapareció en la esquina más  próxima. La señal más elocuente del resultado de ello fueron las carcajadas que dejaron a un segundo plano las palabras.





¿Qué motivó este inusual  episodio? Ustedes tendrán sus respuestas; por lo pronto anoto algunas que me suministraron. Alguien apunta: “Los políticos son unos interesados, que  sólo se acuerdan de uno en  elecciones y somos ciudadanos y nos utilizan para llegar al poder y luego no cumplen con sus promesas.”   Otra persona expresa: “Ellos se comportan bien con uno en campaña, pero luego  si en la calle te los encuentras ni siquiera te miran.”

Afortunadamente alguien deja un aliento de esperanza al decir que: “No todos son malos porque hay excelentes políticos, pero  que es una lástima que a esos buenos el pueblo no los escucha, y son tan poquitos  que los  puedes contar con los dedos de una sola mano.”
 
John Montilla
Esp. Procesos lecto-escritores

(Imágenes internet)



BOOMERANG : Mini cuento de dos líneas y media

Por: John  Montilla.


Con esta corta, pero significativa historia  que voy a mostrar gané el  concurso departamental de mini cuento  en la ciudad de Palermo – Huila (Colombia) en 1997. Debo decir con toda modestia, que en esa oportunidad  mi  pequeña obra resultó elegida entre más de sesenta participantes, entre la cuales había  trabajos de reconocidos y  experimentados escritores huilenses.


 Aquella  vez,  fue mi segundo intento, pues el año previo, también había participado y logrado el segundo lugar; lo que al final  me motivó a escribir el  texto  que a continuación les presento:




BOOMERANG
En un destello de lucidez, el dictador había decidido abolir la persecución y  tortura en  su gobierno; pero fue derrocado,  por dejar a medio régimen sin trabajo.



BREVE APUNTE LITERARIO: “El mini cuento es un texto literario de muy pocas líneas que, por la brevedad y precisión en su vocabulario, crea la intensidad suficiente para turbar al lector. Para explicarlo de alguna forma, es como cuando encendemos una cerilla, primero, un chispazo; luego, la llama se extingue fugaz; y, finalmente, esa quemazón en los dedos... ” (www. buenastareas. com)

¿Alguien se anima a tratar de analizar ese mini cuento?

John Montilla

Esp. Procesos lecto-escritores





domingo, 8 de septiembre de 2013

¡ Sí hay gasolina !

Por: John  Montilla


“Si hay  gasolina, si hay gasolinita
 a ocho mil pesitos la botellita,
no se preocupe por la platica, 
cómprela ahorita 
porque  después le toca andar con la moto rodadita.”

Este estribillo le alcancé a escuchar a un señor algo embriagado que  estaba revendiendo el preciado combustible que por  estos días escasea en Mocoa y el Putumayo entero a raíz del paro agrario.

Como están las circunstancias una gran cantidad de conciudadanos se han visto obligados a pagar estos escandalosos precios por  el combustible.  Fui testigo  hace un par de días de cómo en cierto punto se estaba revendiendo y  al preguntar, no por un galón, sino por una simple botella de gasolina pedían doce mil pesos por ella. Más de un necesitado al escuchar el costo daba la media vuelta y adiós. Luego a corta distancia de ese sitio pude ver otro punto de venta en el cual había una sustancial rebaja de cuatro mil pesos con respecto al anterior precio. Pero, a escasos metros más adelante  había una ganga de siete mil pesos por botella y como era lógico esta “mini estación de servicio” era la que más clientes recibía.

 Las “mini estaciones de combustible” que esporádicamente surgen en determinado momento y en la esquina menos esperada, se  pueden percibir, no por los clásicos grandes anuncios de luces  y color, sino por la imagen de una botella plástica de gaseosa  llena de gasolina y  un rústico embudo también elaborado de otra botella recortada para tal fin. Estos objetos al igual que el vendedor discretamente ubicados a las orillas de la calle. No necesitan mucha propaganda mediática pues el voz a voz y la necesidad hacen que la gente llegue a ellos cual abejas motoras en busca de su  polen carburante.

Entonces ante la actual situación a la gente le quedan  dos opciones: Pagar por ello o en caso contrario guardar su vehículo  y echar a caminar;  y los que aún tienen una pequeña reserva de gasolina y quieren ahorrar les toca hacer lo mismo que un buen amigo  confiesa:   “Con la escasez de combustible en Mocoa, algunos aprovechamos las bajadas para desplazarnos con la moto apagada.” Esta práctica y  graciosa escena de rodar la motocicleta se ha vuelto recurrente por estos días. Alguien apunta: “Y  sí miramos a un amigo a pie, nos hacemos los que vemos al otro lado para no tener que llevarlo.” Todo recurso es válido en ese empeño de no tener que dejar guardado el vehículo de transporte.

 Otra persona simplemente sentencia: “A mí ya no me alcanza ni para rodarla.”  Y  eso muy seguramente le pasa a muchos, por eso también se han venido presentando los casos de robo de gasolina mediante la modalidad de “ordeñar la moto”  del que la deje mal parqueada. Una fuente confiable me cita un ejemplo de cómo alguien  al disponerse  a regresar a casa después de la jornada de trabajo, se percató de que le había sustraído el combustible del vehículo.

A esto debe sumársele algo peor; a cierta vecina que compró una botella de gasolina le empezó a fallar la moto, pues al parecer la calidad de lo que le vendieron dista mucho del precio que pagó. Ahora a pagar mecánico.  Así que mejor va tocar seguir el consejo de un amigo aficionado a dar pedalazos: “Cómprate una bicicleta, estas nunca se varan por gasolina” y además agrega


 “Deberían implantar en Mocoa la cultura de la bicicleta, empezando por la construcción de ciclo vías.” Yo  le respondo que más fácil es que baje el precio de la gasolina o que a nuestros campesinos les solucionen los problemas.

Pues, no hay que olvidar que los inconvenientes temporales de estos días se deben al actual paro del sector agrario que reclama sus derechos,  y puestos a escoger es mejor que haya papa y arroz para comer;  total gasolina sí hay.  Lo que está es más cara que nunca.

John Montilla

Esp. Procesos lecto-escritores