lunes, 16 de septiembre de 2013

La mano  del  político

Por: John  Montilla

¿Alguna vez le ha dado la mano  a usted un político en campaña?  … Esta fue la pregunta que se me ocurrió hacerle a un reducido número de personas; debo resaltar que entre  las  respuestas que obtuve  voy a consignar   las que me parecieron  más significativas; la razón que me impulsó a realizar  esa pequeña encuesta  fue el proveerme de opiniones para poder relatar una anécdota que tengo guardada hace ratos.

Empiezo anotando la respuesta  de un amigo, que por  cierto es un gran pintor y de cuyas artísticas  manos salen con la ayuda de lápices, pinturas y   pinceles  unos  hermosos  paisajes, loros y papagayos multicolores. Pues bien, este hombre del arte y cuyos dedos manchados de múltiples tonos de color  semejando un arcoíris perdurable  me dice: “Por ahora mis manos están vírgenes con respecto a ese tema.” Es decir, nunca le ha dado la mano a un político; cosa que es casi muy difícil de encontrar. Él asegura: “A veces ni me doy cuenta, quienes están en campaña.” Luego afirma de manera categórica: “Nunca le he dado la mano a ningún político, siempre voto en blanco.”
  
 Pero algunos no podemos evitar enterarnos de que hay campañas políticas  y en determinados momentos nos vemos presionados o empujados por diversas circunstancias  necesariamente a “ser saludados” por un político  en campaña; y es aquí donde yo quisiera aconsejar a ellos que  no le den la mano a todo el mundo; pues les puede pasar lo mismo que le pasó a uno de estos personajes en una de esas repetidos esfuerzos para conseguir el favor de los votantes. He aquí la historia:

El pleno furor de una campaña electoral venía un candidato saludando de manera afable y cordial a todos los transeúntes de un sector  popular. El personaje iba de acera en acera y de puerta en puerta,  saludando a cuanta persona encontraba a su paso. Pues bien yo me encontraba junto a un par de conocidos,  uno de ellos estaba agachado tratando de encontrarle una falla a su motocicleta, cuando se percató de que venía el candidato. El hombre al verlo dijo por lo bajo: “Ya viene un  … ¡&*%/8””+%! …  de esos.”
Y acto seguido, sin que pudiéramos evitarlo, justo cuando el personaje se aproximaba y ante el asombro de nosotros dos, de manera disimulada se escupió  rabiosamente en las manos, se untó  a propósito grasa de la cadena de la moto  y luego procedió a asentar  las manos contra el polvo de la calle sin pavimentar y por último se las froto suavemente y con deleite. El hombre  fingiendo revisar una llanta de la motocicleta espero de la manera más seria posible la llegada de su “victima” que ajeno  a la situación se acerco a saludarnos cordialmente. Cuando le tocó el turno  al bromista,  este le dio al candidato un firme y cálido apretón de manos y una cariñosa palmada en la espalda mientras le aseguraba  que él era el único candidato por quien valía la pena votar.

 


Ya podrá el lector imaginarse el resultado de esa grosera acción cuando  el personaje desapareció en la esquina más  próxima. La señal más elocuente del resultado de ello fueron las carcajadas que dejaron a un segundo plano las palabras.





¿Qué motivó este inusual  episodio? Ustedes tendrán sus respuestas; por lo pronto anoto algunas que me suministraron. Alguien apunta: “Los políticos son unos interesados, que  sólo se acuerdan de uno en  elecciones y somos ciudadanos y nos utilizan para llegar al poder y luego no cumplen con sus promesas.”   Otra persona expresa: “Ellos se comportan bien con uno en campaña, pero luego  si en la calle te los encuentras ni siquiera te miran.”

Afortunadamente alguien deja un aliento de esperanza al decir que: “No todos son malos porque hay excelentes políticos, pero  que es una lástima que a esos buenos el pueblo no los escucha, y son tan poquitos  que los  puedes contar con los dedos de una sola mano.”
 
John Montilla
Esp. Procesos lecto-escritores

(Imágenes internet)



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