viernes, 22 de noviembre de 2019

Una pedrada memorable

Por. John Montilla
“Los palos y las piedras pueden romper nuestros huesos, 
 pero las palabras pueden romper corazones.”  
                                                                          Robert Fulghum 

Hace muchos años sin querer le pegué una pedrada a alguien a quien conozco, nunca he podido olvidar el mal recuerdo, y como no se lo puedo decir al agredido, porque quizá no lo comprendería, tampoco creo que él lo recuerde, entonces voy a expiar mi culpa contándole al mundo el pequeño suceso de antaño. No sin antes hacer un breve recuento del posible origen del episodio.

¿A quién no le ha gustado jugar con piedras? De niños solíamos ir al río que nos quedaba cerca, y escogíamos piedras planas y jugábamos a hacerlas rebotar contra el agua. La clave estaba en tirar la piedra con fuerza a ras del agua para formar “ranitas”. El gusto del juego consistía en lograr la mayor cantidad de rebotes.


Otras veces jugábamos a elaborar estructuras de piedra; la idea era poder lograr la mayor altura posible al irlas apilando una sobre otra. –Hoy es una moda dañina para el medio ambiente, porque se altera de manera imperceptible los ecosistemas- En aquellos tiempos no lo sabíamos.  Lo cierto es que después de formar las estructuras, pasábamos a derribarlas a pedradas desde una distancia prudente.

Y no se puede dejar de mencionar el clásico juego de jugar a quebrar botellas de vidrio. Cuanta botella encontrábamos la poníamos en algún sitio visible, y luego corra a tirar piedras; punto para quien la rompa de primero. Cuando no eran botellas, poníamos alguna lata, o tarro o lo que fuera. El propósito de esas travesuras era demostrar quien tenía la mejor puntería.

En este punto recuerdo que cuando jugábamos a apuntarle y derribar algo a pedradas si alguien fallaba, se solía mencionar la frase: "Hay que mandarlo a comprar puntería donde el Mayor Clavijo." Nunca supe el origen de la expresión, ni tampoco supe quién fue y donde vivía el Mayor Clavijo. Siempre pensé que lo de mayor, era porque quizá era un anciano de quien se hablaba; hasta que no hace mucho alguien me contó un fragmento de la historia del señor:

“El Mayor Clavijo, fue un oficial del Batallón Agustín Codazzi, acantonado en Mocoa, se había graduado en la Escuela de Ingenieros, y luego de su retiro se instaló en esta localidad, y al parecer montó un almacén donde se podía conseguir cualquier cosa que se necesitara.” Un amigo me aseguró : “La frase era porque el viejo vendía de todo, incluso hasta puntería.”

La prueba de que quizá jamás pasé a comprar por la tienda del Mayor Clavijo, me remite al inicio de esta historia, pues de haber tenido buena puntería nunca le hubiera roto la cabeza a un amigo de una pedrada.

El caso, si la memoria no me traiciona sucedió así: Una remota tarde vi que un chico estaba intentando quebrar unas botellas sólo, y entonces decidí sin que él se diera cuenta y desde una distancia más lejana, intentar ganarle. pero con tan mala suerte para él que estaba dándome las espaldas, que no se percató de mi presencia. Con el sigilo del caso, tome una piedra de tamaño mediano entre mis manos,  con la mirada puesta en el objetivo, esperé el momento preciso, y luego en un movimiento rápido la lancé y la bendita piedra salió disparada con una precisión matemática sobre su cabeza, creo que le atiné en la coronilla, alcance a mirar que el chico se fue hacía adelante, casi se cae de bruces, y al instante alcance a escuchar el grito y luego el llanto y los lamentos del desdichado.

Pero no me quedé ahí para ver en que paraba el asunto, pues el muchacho armó tremendo alboroto y la  gente se alertó, pero yo ya me había escabullido de allí, antes de que llegara alguien a reclamarme el daño, me jugaba un castigo en casa , como pude y a escondidas por cuanto recoveco encontré llegué a casa de manera sigilosa y ante el tremendo complejo de culpa y del revuelo que se armó en la vecindad, corrí a meterme debajo de la cama junto con unas revistas para disimular por si me encontraban allí escondido.- De niño tenía la costumbre de ponerme a leer donde nadie me molestara- Expectante permanecí varios minutos, escuchando a los de mi casa que decían, que, al hijo de tal, le rompieron la cabeza de una pedrada, que había sangrado mucho y que tenía tremendo chichón y que no sabían quien era el culpable.

 Ignoro cuanto tiempo estuve allí agazapado, sólo sé que nunca olvidé ese lamentable suceso; aún hoy me suena el golpe como si le hubiera atinado a una lata, y tantos años después, recién asomo mi rostro de debajo de la cama y ya no sacó las amarillentas páginas de mis viejas revistas, sino una hoja electrónica de un documento “word” para confesar mi culpa; y aunque sé que la persona victima de mi imprudencia infantil, jamás leerá estas líneas, de corazón le pido me perdone por el dolor y lágrimas de aquella, ya lejana y desatinada tarde.  


John Montilla. Texto y fotomontaje. Imágenes tomadas de internet. 
(21N- 2019)
jmontideas.blogspot.com

sábado, 16 de noviembre de 2019

La lluvia, la mano y el sapo


Por. John Montilla

“La medicina cura, la naturaleza sana.”  (Proverbio Latino)

Había sido un día bastante caluroso en Mocoa, pero al caer la tarde, el ambiente se puso gris y grandes nubarrones fueron apareciendo en el cielo. Minutos antes de salir de casa, había visto el cielo encapotarse, por eso, había tomado mi capa que la tenía colgada en la azotea, y la había colocada debajo del asiento de mi moto.

Justo un par de minutos después de haber salido de casa empezó a llover, me detuve en el camino, para sacar mi capa, y por primera vez, no pude abrir el seguro, se había trabado, doblé un poco la llave en el afán de abrirlo, pero no fue posible. La lluvia continuaba, así que decidí seguir mi camino. De repente la lluvia arreció, me detuve nuevamente para hacer un segundo intento y tampoco dio resultado, el seguro estaba atascado. Nada que hacer, seguir a la intemperie hasta el lugar al que me dirigía: La peluquería, que por fortuna ya no quedaba tan distante de donde estaba.

Cuando llegué, le conté a la peluquera lo que me había pasado, cuando ella me vio todo mojado, y luego nos pusimos a hablar de la lluvia. Me dijo que a ella cuando era niña le encantaba salir a jugar cuando llovía, y que a los chicos de ahora, eso parece no gustarles, que prefieren arroparse en las cobijas y ponerse a jugar con el celular.




Me contó que cuando era niña vivía en una finca en la que había una pequeña pendiente y que era feliz jugando con sus hermanos cuando llovía, porque se deslizaban como por un tobogán por la pradera mojada, y se divertían chapoteando en los charcos y en el barro que se formaba. Tanto jugaban en estas condiciones que cierta vez, a su hermana le había caído una infección en una de sus manos. Algo que había empezado como una pequeña molestia, pero con el transcurrir de pocos días se había convertido en un problema y una gran dolencia para la niña ya que la mano había llegado al punto de hinchársele bastante; “su mano parecía un globo” dijo la peluquera.

Ante estas circunstancias los padres habían acudido desde la vereda al médico, y este tras un examen aparentemente minucioso había   dictaminado de manera categórica que no había otra solución que amputar la mano de la niña. 

Con esta terrible noticia los padres habían vuelto a casa, sin saber que determinación tomar; pero antes de decidir algo le habían consultado a una señora que sabia medicina tradicional y secretos de la selva. Ella había examinado la mano de la niña y en su sabiduría ancestral había dictaminado: “Esto es simplemente “disípela”, tráiganme un sapo pronto.”   

Toda la familia había entrado en acción y se había lanzado a la búsqueda y cacería de ese noble batracio, levantaron piedras, movieron troncos, recorrieron charcas, se metieron en montes y en cuanto recoveco pudieron, hasta que, al fin, en medio de los trebejos de la finca encontraron a un pobre sapo grande que descansaba ajeno a lo que le esperaba.

Lo agarraron sin pena y sin ningún signo de repugnancia; lo metieron en un viejo morral de la abuela y lo llevaron en volandas, a donde la doña que lo esperaba. Cuando llegaron allá, la señora había tomado al sapo y con ayuda de un familiar de la niña, lo habían frotado alrededor de su mano hinchada. “Lo abrieron uno de las patas y otro de las manos y lo restregaban contra la herida de mi hermana”. Dice la peluquera.  “El pobre sapo únicamente se hinchaba ante tanta manipulación, pero ellos no le estaban haciendo daño.”

Cuando terminó todo el procedimiento, tomaron al aturdido sapo y lo liberaron en el monte, y como cosa de milagro, en muy poco tiempo la mano de la niña se sanó.

La peluquera terminó su trabajo y su historia; la lluvia ya había amainado un poco; y esta vez al tercer intento pude por fin abrir el seguro del asiento de la moto, saqué la capa para protegerme del agua y me fui pensando en la suerte de la niña al salvar su mano y en el punto triste del relato, pues al parecer lo único malo del “secreto ancestral” es que aparentemente el pobre sapo se lleva consigo la enfermedad.


John Montilla. Texto, fotografía y fotomontaje. 
(16-XI- 2019)
jmontideas.blogspot.com 


sábado, 2 de noviembre de 2019

ONCE FLORES PARA DARCY

Por. John Montilla

Cada año he escrito unas palabras para honrar su memoria después de aquel ya lejano y aciago día de su trágica partida. He juntado esas frases y el resultado es una especie de poema hecho de jirones del recuerdo y del olvido.


Un año después:
Nostalgia es la palabra.

Dos años después,
Uno de sus amigos dijo estas palabras
Al ver su imagen estampada en el cielo
El día de su funeral:
Que fotografía más hermosa,
Y yo le refuté:
¡Que fotografía más triste!


N.2 JM

Tres años de ausencia
Vives en nuestro recuerdo por siempre.
El sol vuelve a dar una vuelta al mundo
pero tu luz hace varias lunas se ha apagado
Sólo cabe repetir:
“Cuatro años de ausencia, 
vives en nuestro recuerdo por siempre.”

Cinco años de ausencia:
Tu imagen es como una brisa fugaz
que a ratos golpea a la puerta de la memoria
de aquellos que aún te recordamos.

Seis años de ausencia
Tu imagen esculpida en el tiempo,
es como una efímera abeja de luz
 que aún aguijonea los intersticios de la memoria
de aquellos que no te olvidamos,
y a quienes calmas la amargura de tu partida
 al rociarlos con el néctar de los dulces recuerdos.

Pero, después de siete años de ausencia
El escarabajo del recuerdo,
Ha caído en la arena
y se ha cubierto con una fina capa
del polvo del olvido.

Ocho años después,
la tenue llama de tu recuerdo se mantiene,
 a pesar de la brisa del tiempo
y el olvido que sin cesar intentan apagarla. 



N3- JM 

Nueve años después.
El recuerdo,
sólo el recuerdo.

Diez años después
El olvido,
Sólo el olvido

Once años después encadeno esas frases
Moldeadas con la telaraña de la nostalgia
Y el frágil aleteo de los pájaros del olvido
para construir una especie de poema-escultura,
para dejarlo instalado en el pedestal de la memoria
de quienes te conocieron
y traer un fugaz instante de tu presencia al resto del mundo.
Simplemente eso, pedacitos de recuerdo.
Una de sus amigas así lo sentenció:
“Ya nunca más cumplirás años,
ahora cumples aniversarios de ausencia.”

(3-XI-2019) 

4.Texto inedito escrito por Darcy. Año 2006. (JM )




                                  ***
John Montilla. Texto y Fotografías N. 2, 3, 4
Fotomontaje N.1 sobre una imagen de Daniela Botina 



viernes, 25 de octubre de 2019

DIEZ APUNTES

Por. John Montilla 


N. *0

1. LA GRAN SORPRESA

Hace unos años tuve un curso difícil de manejar, la indisciplina era dura y había que estar alerta en todo momento para que las cosas no se salieran de control. Cada hora de clase era prácticamente “una batalla”, y la meta era al final poder salir invicto. Pero un día… oh sorpresa, llegué a clase y todos en coro empezaron a cantarme el “HAPPY BIRTHDAY”, debo decir que se lucieron en esa interpretación - Sólo faltó la torta -.  Yo puse cara de circunstancias y los escuché con atención, confieso que me emocioné hasta las lágrimas. Al terminar ellos irrumpieron en un caluroso aplauso, cuando el barullo terminó, yo aún muy “emocionado”, les agradecí el detalle, y aproveché para soltar un discurso en el que les eché todas las flores que pude, mientras todos ellos me miraban y escuchaban con atención, prácticamente estaban con la boca abierta siguiendo mis palabras. Mi discurso fue memorable, sólo me faltó llorar para terminar de convencerlos de la sinceridad de mis palabras. Terminé y la clase siguió con una normalidad nunca antes vista en el grupo. Ese día les gané una batalla decisiva, pues el canto del cumpleaños era una payasada más de ellos: NO era mi HAPPY BIRTHDAY  en ese fecha, pero yo les seguí el juego y les gané. A partir de entonces ellos aprendieron quien tenía el sartén por el mango.   Debo anotar que fue un grupo que me dejó muchas enseñanzas, porque aprendí como lidiar con situaciones complejas del quehacer diario de mi profesión.  (X-2019)


2. LA FIRMA

Cierta noche soñé que había un tipo cuya firma semejaba unas dos cebollas cabezonas, y al hombre le gustaba ir estampando su firma por doquier: En servilletas con lapicero, en vasos usando marcadores, y en la madera usando la punta de una navaja. Por alguna razón la policía lo andaba buscando y la pista principal era seguirle el rastro de su firma regada por varias partes. La policía cotejaba diversos objetos que tenían su particular rúbrica con una minúscula firma estampada en una carta.
Me parece un tema original, que bien valdría para redactar un cuento. Los sueños son una gran fuente de ideas. Me gustaría saber si sueños curiosos les suceden a ustedes.




3. DEMIAN

Hace unos días una de mis estudiantes me había pedido que le recomendara libros; sin dudarlo le dije “DEMIAN” de Hermann Hesse y otros más; hoy me encontré con ella a la salida del colegio, metió su mano en su bolso y me pasó un ejemplar del libro. No sé por qué, pero al contacto con ese texto, a pesar del calor que estaba haciendo, sentí una especie de estremecimiento, hace ratos que no veía uno. El mío se lo presté a un amigo hace años y nunca me lo devolvió. Ella miró que me sentía emocionado con el libro, era evidente. Hubo un tiempo en que ese texto era mi biblia personal, yo juraba con mi mano puesta sobre él. Me dijo que le había gustado mucho y que ya lo había leído tres veces. Yo lo abrí y noté que ya iba por su cuarta lectura, ya que llevaba un bonito señalizador de lectura. Luego empecé a recitar de memoria el párrafo final del libro y ella pareció mucho más complacida. Enseguida abrí la parte final de libro y leí para tratar de corroborar que años después aún me acordaba de ese párrafo y le dije un tanto defraudado que no me gustaba la traducción que le habían dado, que prefería la que yo me sabía de memoria. Me preguntó si me acordaba de la editorial y con pesar le dije que no, pero que me iba a poner a buscar la versión que yo sabía. Esto pareció agradarle, me dio un abrazo de despedida y yo me fui repasando mentalmente una de mis frases favoritas de ese bendito libro y que por mucho tiempo tuve pegada en la cabecera de mi cama en un sencillo afiche que yo mismo había diseñado: “No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca, y lo soy aún.”
John Montilla (26-IV-2019)




4. TIROTEO EN LA PANADERÍA 

Cuando estaba en la panadería se armó tremenda balacera entre dos niños que estaban jugando a los pistoleros. Sus manos eran las armas. En el caos que se originó a una señora se le derramó la malteada, yo me metí debajo de una mesa para protegerme, los panes quedaron convertidos en rosquillas por los proyectiles. Los sorprendidos clientes no sabían si agarrar las mesas o las bebidas, la dueña que salía con una torta de tres pisos quedó paralizada por el terror, mientras los pequeños combatientes empujando cuanto encontraban a su paso daban una vuelta por el local, para luego salir con tremenda algarabía y continuar el tiroteo en la calle: ¡Pan, pan, pan ! Me imagino que al final ambos salieron ganando. Así deberían pelearse todas las guerras.



5. TOMATES EN FUGA

Una señora y una jovencita se disponían a bajar una caja de cartón de la parte trasera de una camioneta de estacas, cuando de repente de la maltrecha caja cayó al suelo un tomate y se fue rodando calle abajo por la pendiente hasta quedar al borde de la calzada. Las dos al percatarse del problema quisieron volver a poner la caja en su sitio, pero con el apremio de sus movimientos hicieron que una veintena más de tomates se escaparan y también cayeran rodando por el piso; los tomates escabulléndose le daban cierto aire colorido a la noche; salvó yo que observaba desde la azotea de mí casa, nadie más parecía haberse percatado de la escena.  Pensé que la señora la iba a emprender a gritos con la chica, pero en vez de eso, actuó con calma y le alcancé a escuchar algo así como: “te lo dije”, mientras ambas corrían a la captura de los tomates fugitivos. La jovencita se reía de buena gana mientras se agachaba de un lado a otro agarrando los que podía. Después de unos breves instantes recogieron todo excepto un tomate verde y un rojo que quedaron tirados al borde de la calle principal, porque no se percataron de ellos; de repente veo que de la esquina sale presuroso un muchacho hacía los frutos abandonados. Pensé: “he aquí la ayuda que se necesitaba”, pero el joven los recogió ambos, se los metió en el bolsillo de su chaqueta y se fue silbando por el mismo sitio por donde había aparecido. 
(29-IX-2019)

6. OJO EN LA MANO

Me había escrito la palabra “ojo” en la mano, y cuando un estudiante me preguntó por ello le respondí que era un recordatorio. Como noté que no me comprendió bien le aclaré un poco más así: Le dije que en ocasiones acostumbro a escribirme de manera rápida esa palabra en esa parte, y que eso quiere decir que tengo algo pendiente, y me sirve, ya que generalmente al irme a lavar las manos, puedo ver la palabra escrita, y entonces recuerdo que tengo algo por hacer. Para concluir le conté que esta mañana había comprado un tamal por encargo, pero cuando llegó ya había desayunado, por tanto, decidí guardarlo para el almuerzo y que entonces en está ocasión esa marca de hoy quería decir: “Ojo, tengo un tamal guardado en el cajón de mi escritorio.”

N.6
7. NATALY
Una de nuestras mejores estudiantes que por cuestión de traslado de domicilio de  sus padres había tenido que dejar nuestro colegio  pasó a visitarnos aprovechando que tenía que  hacer unas diligencias. Cuando la vi le dije en inglés: ¡Tell me that you came back ! ( Dime que has regresado) y ella me dirigió una mirada brillante y   contesto un simple NO; luego me regalo un abrazo afectuoso.  Intentó mostrarse graciosa, pero no logro evitar las lágrimas que afloraban en sus melancólicos ojos.
Me dijo: “Mi nuevo profesor de inglés es igual a usted”. 
-Como así le pregunté:
“Sí, dijo, porque tampoco enseña nada”.  Se rio entre lágrimas y yo traté de confortarla diciéndole que no se preocupara que ella era muy buena estudiante y que en cualquier parte le iría bien.  Después la invité a sentarse con algunos de sus excompañeros en uno de los muebles de la sala de coordinación y nos tomamos un par de fotos.
Segundos después le pase un lapicero que tenía en el bolsillo de la camisa y le dije que ya que estaba aquí me gustaría que hiciera el examen de diagnóstico que hice la semana pasada al grupo. Busque en mi maletín el cuestionario, ella lo recibió y se concentró en realizar el ejercicio.  Se tardó menos de cinco minutos, me lo pasó y comencé a revisarlo, ella siguió muy atenta mi labor, celebrando la gran mayoría de aciertos, y haciendo comentarios en un par de errores que tuvo. Una vez terminé, le di como antaño la valoración numérica que había logrado: 4.0, ella pareció satisfecha de su registro. Cuando terminé de calificar, saqué el celular y le tomé una foto al examen, luego se lo entregué, y me dijo algo que me hizo sentir orgulloso de esta profesión: “Me lo voy a llevar y lo voy a pegar de recuerdo en mi nuevo cuaderno de inglés”. El timbre sonó, el descansó había terminado, yo tenía que retomar mis clases, ella se despidió y se marchó por el patio con sus amigos.
Buena suerte Nataly.
N.7

8. ¿QUIÉN ES ?

Recuerdo que una vez estando en clase en el colegio, tocaron a la puerta, y nuestro profesor por simple acto reflejo preguntó en voz alta: ¿Quién es ? y la clase entera respondió a una sola voz: " La vieja Inés ". Todos nos echamos a reír, pero el profe no le dio importancia al asunto y fue a abrir la puerta, y para sorpresa de todos, estaba ahí parada doña Inés, una señora que en aquellos tiempos trabajaba como personal de servicios generales. Por supuesto, la presencia de ella y la risa general del grupo nos alegró el rato. 
Recordar es vivir.


9. UNA EN UN MILLÓN

Hace varios años, una noche que no teníamos energía eléctrica, decidí prender la radio y sintonicé una emisora de Cali que me gustaba, y al instante entró una llamada al aire en el programa, y se escuchó una cálida, clara y melodiosa voz de una chica solicitando que la complacieran con un tema musical; el locutor le pregunto por el nombre y un par de cosas más; le puse bastante atención porque pidió una canción que a mí también me gustaba. A la siguiente noche, volví a prender la radio, casi que, a la misma hora, y al igual que la vez anterior, justo en ese momento volvió a entrar una llamada a la emisora y pueden creerlo: Era la misma chica que había llamado la noche anterior. ¡ Una feliz coincidencia !
Casi nadie me cree, pero les aseguro que es verdad.

N.9


 10. A TIEMPO

Una de mis estudiantes llegó 15 minutos después de que había iniciado la clase. Llegó con su maletín y una escoba en la mano. Se detuvo en la puerta y me saluda: "Buenos días profe, ¿ Puedo seguir ? ... antes de autorizarle, le pregunté: ¿Puedo hacer un chiste ? , me contestó: " No, profe". Bueno, le dije, siga, pero le voy hacer la anotación y retomé mi labor. Luego cuando la clase terminó, me acerqué de manera discreta donde ella, que estaba arrimada a la pared mirando su celular y le dije: "¿Quiere saber lo que le iba a decir hace un rato ?. Sí, respondió. Entonces le conté que al verla con la escoba me hubiera gustado decirle: "Tiene transporte propio y llega tarde a clase". Ambos nos pusimos a reír de buena gana. 

                                                                        ***

... Y LA ÑAPA : La historia de la foto de portada, a la que le hice un fotomontaje
N.11
FRUTO INESPERADO


Estábamos por terminar la jornada escolar cuando reparé en que debajo de un pupitre había una maltrecha y pequeña mata de plátano, que un estudiante había traído para una clase de Ciencias Naturales. Como mis estudiantes estaban ocupados en la actividad que les había asignado, tomé la planta y la puse en mi pupitre, acto seguido la regué con un poco de agua que tenía en mi botella, luego decidí que iba a tomar una fotografía. Arrimé el pupitre al tablero, luego dibujé un cuaderno abierto y escribí ABC en una de las páginas y unas líneas en la otra; cuando terminé la instalación, puse mi rúbrica, una especie de J. El escenario estaba listo para la foto.
En esas estaba cuando me di cuenta  que varios de mis estudiantes seguían  atentos mis movimientos, especialmente uno que minutos antes estaba recostado sobre su mesa, no por desidia, sino porque ese día había tenido uno de sus “ataques de narcolepsia” y como había caído enredado en la maraña de la somnolencia, había estado durante toda la clase, completamente ajeno a lo que estábamos haciendo, pero mi intervención sobre la planta parecía haberlo despertado de su letargo, porque levantó con interés su cabeza para seguir observándome. Tomé la foto, y entonces una sonrisa se dibujó en el rostro adormilado del chico, y luego me hizo un gesto de aprobación con el dedo pulgar de su mano derecha, parecía que ya había salido de marasmo, porque luego se puso a ojear los apuntes de su cuaderno. 
La pequeña planta había dado un fruto inesperado.  
(26-X-2019)

John Montilla. Textos y fotografías N: 0, 6,7.9 11. Las restantes tomadas de internet. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

FÓRMULA PARA ESTAR MÁS CERCA DEL CIELO


Por. John Montilla

“No pido otra cosa: el cielo sobre mí 
 y el camino bajo mis pies.”   Robert Louis Stevenson. 




Para estar más cerca del cielo

no necesitas tener alas.

Ni que te hagan soñar despierto.

Tampoco que seas el aviador de tu imaginación.

No necesitas tener la semilla del frijol mágico

que creció hasta llegar a la luna.

No necesitas ser el cosmonauta del apolo 11;

ni pegar un gran salto a favor de la humanidad.

Tampoco es menester un millón de oraciones.

Ni seguir a pie juntillas los 14 pasos que te lleven al cielo,

No necesitas ser un ermitaño flotando 

en la neblina de la soledad.

ni ser un ave santa que lleva a cuestas 

mil escapularios de añejas plumas.

Tampoco se requiere un golpe que te haga ver estrellas.

Mucho menos necesitas darte en la cabeza con

sustancias alucinógenas.

O tomarte la pócima de la planta sagrada.

… Para estar un poco más cerca del cielo;

Lo único que se necesita es un pedazo de escalera.







John Montilla. Texto e imagenes
 jmontideas.blogspot.com 



miércoles, 31 de julio de 2019

PLUMA NEGRA

Por. John Montilla

 “En una bandada de blancas palomas, un cuervo negro añade más belleza incluso que el candor de un cisne.”  (Giovanni Boccacio)


El gallinazo apareció muerto en la parte trasera de la escuela, cerca de una zona a la que alguien, no se sabe quién, bautizó como la “cueva del oso”, quizá por ser el sitio de más difícil acceso de nuestras instalaciones; es un pequeño reducto escolar que aún conserva algo de agreste en medio de los laberintos de cemento que nos rodean. Es una porción de terreno bastante húmeda, hay mucho fango, matas espinosas, escombros, pedazos de vidrio, chamizas, restos de naturaleza muerta de nuestros jardines y por supuesto algo de basura, allí hay muchos insectos, y de vez en cuando se ven unas hermosas lagartijas corriendo bajo el sol de las mañanas, y también se puede observar que está invadida de caracoles africanos.  A ese “pedacito salvaje” le llaman los estudiantes la cueva del oso.

Pues bien, fue al borde de ese sitio, donde se encontró a ese ser de las alturas tirado en el suelo; ¿Quién mató al gallinazo?... No se sabía, por eso nos pusimos en la tarea de averiguar hasta encontrar al culpable.

El cadáver del ave yacía en el piso, su cuerpo rígido y sucio se veía recogido, y eso lo hacía ver más pequeño de lo que era. Algunas grandes moscas negras ya revoloteaban a su alrededor y se posaban de cuando en cuando sobre él.


Me dije que sería necesario buscar la forma de enterrarlo rápido para evitar el inconveniente de los malos olores, que pronto se incrementarían debido al inclemente sol que hacía esa mañana.

Algunos muchachos se estaban congregando curiosos alrededor de los negros despojos del ave muerta; uno de ellos tomó una delgada vara que por ahí estaba e intentó moverlo, pero no pudo; la frágil vara se partió en dos, algunas moscas levantaron el vuelo. Luego otro chico más atrevido trató de moverlo con la punta de su zapato, mientras que algunas de las niñas le decían escandalizadas: “Cochino, deja eso:” y otras hacían gestos de repulsión mientras se cubrían las narices con sus manos. Al mismo tiempo, muchos de ellos ya habían sacado sus celulares y le estaban tomando fotos desde varios ángulos. El infortunado gallinazo era el centro de atención de esa calurosa mañana.

Les recomendé que no lo tocaran y además les conté que en cierta ocasión había visto a un gallinazo morir electrocutado en las cuerdas de energía de alta tensión, que esté había caído pesadamente justo en frente donde estaba y por eso había visto como al instante decenas de moscas salían con rapidez de su cuerpo, les dije que este quizá haya estado igual.  Las niñas contemplaban la escena con asco.

Luego me fui de allí, a buscar a alguien que nos ayudara a disponer de ese gallinazo muerto, pero no encontré a la persona indicada, únicamente pude hablar con uno de los celadores, a quien le conté la novedad y él me aseguró que le iba a pasar el dato al personal del aseo para que se hicieran cargo del no muy agradable asunto. 

Al rato regresé al sitio y vi que los estudiantes habían intervenido sobre los restos del gallinazo: Lo habían cubierto con algunas piedras y fragmentos de  lozas de cerámica, le habían improvisado una cruz  con dos  pedazos de palos amarrados con una cuerda,  y además le habían hecho una lápida con un pedazo grande de  cerámica y  sobre ella habían escrito con marcador: “Descansa, Chungolais”:  Aún habían bastantes muchachos alrededor riéndose de las ocurrencias y al mismo tiempo rindiéndole tributo al muerto. El click de los celulares indicaba que los estudiantes seguían activos registrando la novedad del momento.

 En esas estábamos cuando le escuché a uno de los muchachos decir: ¡Yo sé quién lo mató !

Me volví hacía él con bastante interés, y le pregunté: ¿Estás seguro ?

-Sí – Respondió él- Yo lo vi.

Entonces, lo llamé a la sombra y le volví a preguntar lleno de curiosidad: ¿Quién fue?... Había que llamarle la atención a aquel que estaba atentando contra la fauna regional.

Entonces, el chico me dice con toda tranquilidad: “¡ Fue un gato gris !  Yo vi como lo emboscaba cuando el gallinazo estaba tomando el sol con las alas abiertas, pegó un gran salto, lo atrapó entre sus garras y le destrozó el cuello con sus dientes.” Y luego agregó, que ese no había sido el único, que en la mitad de la cancha de futbol encontraría otro gallinazo muerto. Le agradecí el dato y fui a la cancha, pero por más que busqué e indagué y a pesar de que el chico me repitió que el vio como el gato gris atrapaba a otro gallinazo, no lo pude hallar. Lo único que pude encontrar fue una pluma negra, como prueba de lo que él decía era verdad.

El caso es que hay un gato gris cazando estás benéficas aves, no necesito mencionar los favores que nos hacen; y además no puedo dejar de pensar que en alguna parte, alguien, quizás a esta hora este acariciando al felino que pone sus garras y boca sobre los gallinazos




"Deseo poder escribir algo tan misterioso como un gato." Edgar Allan Poe


John Montilla. Texto y fotografías.
31-VII-2019
jmontideas.blogspot.com