viernes, 25 de octubre de 2019

DIEZ APUNTES

Por. John Montilla 


N. *0

1. LA GRAN SORPRESA

Hace unos años tuve un curso difícil de manejar, la indisciplina era dura y había que estar alerta en todo momento para que las cosas no se salieran de control. Cada hora de clase era prácticamente “una batalla”, y la meta era al final poder salir invicto. Pero un día… oh sorpresa, llegué a clase y todos en coro empezaron a cantarme el “HAPPY BIRTHDAY”, debo decir que se lucieron en esa interpretación - Sólo faltó la torta -.  Yo puse cara de circunstancias y los escuché con atención, confieso que me emocioné hasta las lágrimas. Al terminar ellos irrumpieron en un caluroso aplauso, cuando el barullo terminó, yo aún muy “emocionado”, les agradecí el detalle, y aproveché para soltar un discurso en el que les eché todas las flores que pude, mientras todos ellos me miraban y escuchaban con atención, prácticamente estaban con la boca abierta siguiendo mis palabras. Mi discurso fue memorable, sólo me faltó llorar para terminar de convencerlos de la sinceridad de mis palabras. Terminé y la clase siguió con una normalidad nunca antes vista en el grupo. Ese día les gané una batalla decisiva, pues el canto del cumpleaños era una payasada más de ellos: NO era mi HAPPY BIRTHDAY  en ese fecha, pero yo les seguí el juego y les gané. A partir de entonces ellos aprendieron quien tenía el sartén por el mango.   Debo anotar que fue un grupo que me dejó muchas enseñanzas, porque aprendí como lidiar con situaciones complejas del quehacer diario de mi profesión.  (X-2019)


2. LA FIRMA

Cierta noche soñé que había un tipo cuya firma semejaba unas dos cebollas cabezonas, y al hombre le gustaba ir estampando su firma por doquier: En servilletas con lapicero, en vasos usando marcadores, y en la madera usando la punta de una navaja. Por alguna razón la policía lo andaba buscando y la pista principal era seguirle el rastro de su firma regada por varias partes. La policía cotejaba diversos objetos que tenían su particular rúbrica con una minúscula firma estampada en una carta.
Me parece un tema original, que bien valdría para redactar un cuento. Los sueños son una gran fuente de ideas. Me gustaría saber si sueños curiosos les suceden a ustedes.




3. DEMIAN

Hace unos días una de mis estudiantes me había pedido que le recomendara libros; sin dudarlo le dije “DEMIAN” de Hermann Hesse y otros más; hoy me encontré con ella a la salida del colegio, metió su mano en su bolso y me pasó un ejemplar del libro. No sé por qué, pero al contacto con ese texto, a pesar del calor que estaba haciendo, sentí una especie de estremecimiento, hace ratos que no veía uno. El mío se lo presté a un amigo hace años y nunca me lo devolvió. Ella miró que me sentía emocionado con el libro, era evidente. Hubo un tiempo en que ese texto era mi biblia personal, yo juraba con mi mano puesta sobre él. Me dijo que le había gustado mucho y que ya lo había leído tres veces. Yo lo abrí y noté que ya iba por su cuarta lectura, ya que llevaba un bonito señalizador de lectura. Luego empecé a recitar de memoria el párrafo final del libro y ella pareció mucho más complacida. Enseguida abrí la parte final de libro y leí para tratar de corroborar que años después aún me acordaba de ese párrafo y le dije un tanto defraudado que no me gustaba la traducción que le habían dado, que prefería la que yo me sabía de memoria. Me preguntó si me acordaba de la editorial y con pesar le dije que no, pero que me iba a poner a buscar la versión que yo sabía. Esto pareció agradarle, me dio un abrazo de despedida y yo me fui repasando mentalmente una de mis frases favoritas de ese bendito libro y que por mucho tiempo tuve pegada en la cabecera de mi cama en un sencillo afiche que yo mismo había diseñado: “No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca, y lo soy aún.”
John Montilla (26-IV-2019)




4. TIROTEO EN LA PANADERÍA 

Cuando estaba en la panadería se armó tremenda balacera entre dos niños que estaban jugando a los pistoleros. Sus manos eran las armas. En el caos que se originó a una señora se le derramó la malteada, yo me metí debajo de una mesa para protegerme, los panes quedaron convertidos en rosquillas por los proyectiles. Los sorprendidos clientes no sabían si agarrar las mesas o las bebidas, la dueña que salía con una torta de tres pisos quedó paralizada por el terror, mientras los pequeños combatientes empujando cuanto encontraban a su paso daban una vuelta por el local, para luego salir con tremenda algarabía y continuar el tiroteo en la calle: ¡Pan, pan, pan ! Me imagino que al final ambos salieron ganando. Así deberían pelearse todas las guerras.



5. TOMATES EN FUGA

Una señora y una jovencita se disponían a bajar una caja de cartón de la parte trasera de una camioneta de estacas, cuando de repente de la maltrecha caja cayó al suelo un tomate y se fue rodando calle abajo por la pendiente hasta quedar al borde de la calzada. Las dos al percatarse del problema quisieron volver a poner la caja en su sitio, pero con el apremio de sus movimientos hicieron que una veintena más de tomates se escaparan y también cayeran rodando por el piso; los tomates escabulléndose le daban cierto aire colorido a la noche; salvó yo que observaba desde la azotea de mí casa, nadie más parecía haberse percatado de la escena.  Pensé que la señora la iba a emprender a gritos con la chica, pero en vez de eso, actuó con calma y le alcancé a escuchar algo así como: “te lo dije”, mientras ambas corrían a la captura de los tomates fugitivos. La jovencita se reía de buena gana mientras se agachaba de un lado a otro agarrando los que podía. Después de unos breves instantes recogieron todo excepto un tomate verde y un rojo que quedaron tirados al borde de la calle principal, porque no se percataron de ellos; de repente veo que de la esquina sale presuroso un muchacho hacía los frutos abandonados. Pensé: “he aquí la ayuda que se necesitaba”, pero el joven los recogió ambos, se los metió en el bolsillo de su chaqueta y se fue silbando por el mismo sitio por donde había aparecido. 
(29-IX-2019)

6. OJO EN LA MANO

Me había escrito la palabra “ojo” en la mano, y cuando un estudiante me preguntó por ello le respondí que era un recordatorio. Como noté que no me comprendió bien le aclaré un poco más así: Le dije que en ocasiones acostumbro a escribirme de manera rápida esa palabra en esa parte, y que eso quiere decir que tengo algo pendiente, y me sirve, ya que generalmente al irme a lavar las manos, puedo ver la palabra escrita, y entonces recuerdo que tengo algo por hacer. Para concluir le conté que esta mañana había comprado un tamal por encargo, pero cuando llegó ya había desayunado, por tanto, decidí guardarlo para el almuerzo y que entonces en está ocasión esa marca de hoy quería decir: “Ojo, tengo un tamal guardado en el cajón de mi escritorio.”

N.6
7. NATALY
Una de nuestras mejores estudiantes que por cuestión de traslado de domicilio de  sus padres había tenido que dejar nuestro colegio  pasó a visitarnos aprovechando que tenía que  hacer unas diligencias. Cuando la vi le dije en inglés: ¡Tell me that you came back ! ( Dime que has regresado) y ella me dirigió una mirada brillante y   contesto un simple NO; luego me regalo un abrazo afectuoso.  Intentó mostrarse graciosa, pero no logro evitar las lágrimas que afloraban en sus melancólicos ojos.
Me dijo: “Mi nuevo profesor de inglés es igual a usted”. 
-Como así le pregunté:
“Sí, dijo, porque tampoco enseña nada”.  Se rio entre lágrimas y yo traté de confortarla diciéndole que no se preocupara que ella era muy buena estudiante y que en cualquier parte le iría bien.  Después la invité a sentarse con algunos de sus excompañeros en uno de los muebles de la sala de coordinación y nos tomamos un par de fotos.
Segundos después le pase un lapicero que tenía en el bolsillo de la camisa y le dije que ya que estaba aquí me gustaría que hiciera el examen de diagnóstico que hice la semana pasada al grupo. Busque en mi maletín el cuestionario, ella lo recibió y se concentró en realizar el ejercicio.  Se tardó menos de cinco minutos, me lo pasó y comencé a revisarlo, ella siguió muy atenta mi labor, celebrando la gran mayoría de aciertos, y haciendo comentarios en un par de errores que tuvo. Una vez terminé, le di como antaño la valoración numérica que había logrado: 4.0, ella pareció satisfecha de su registro. Cuando terminé de calificar, saqué el celular y le tomé una foto al examen, luego se lo entregué, y me dijo algo que me hizo sentir orgulloso de esta profesión: “Me lo voy a llevar y lo voy a pegar de recuerdo en mi nuevo cuaderno de inglés”. El timbre sonó, el descansó había terminado, yo tenía que retomar mis clases, ella se despidió y se marchó por el patio con sus amigos.
Buena suerte Nataly.
N.7

8. ¿QUIÉN ES ?

Recuerdo que una vez estando en clase en el colegio, tocaron a la puerta, y nuestro profesor por simple acto reflejo preguntó en voz alta: ¿Quién es ? y la clase entera respondió a una sola voz: " La vieja Inés ". Todos nos echamos a reír, pero el profe no le dio importancia al asunto y fue a abrir la puerta, y para sorpresa de todos, estaba ahí parada doña Inés, una señora que en aquellos tiempos trabajaba como personal de servicios generales. Por supuesto, la presencia de ella y la risa general del grupo nos alegró el rato. 
Recordar es vivir.


9. UNA EN UN MILLÓN

Hace varios años, una noche que no teníamos energía eléctrica, decidí prender la radio y sintonicé una emisora de Cali que me gustaba, y al instante entró una llamada al aire en el programa, y se escuchó una cálida, clara y melodiosa voz de una chica solicitando que la complacieran con un tema musical; el locutor le pregunto por el nombre y un par de cosas más; le puse bastante atención porque pidió una canción que a mí también me gustaba. A la siguiente noche, volví a prender la radio, casi que, a la misma hora, y al igual que la vez anterior, justo en ese momento volvió a entrar una llamada a la emisora y pueden creerlo: Era la misma chica que había llamado la noche anterior. ¡ Una feliz coincidencia !
Casi nadie me cree, pero les aseguro que es verdad.

N.9


 10. A TIEMPO

Una de mis estudiantes llegó 15 minutos después de que había iniciado la clase. Llegó con su maletín y una escoba en la mano. Se detuvo en la puerta y me saluda: "Buenos días profe, ¿ Puedo seguir ? ... antes de autorizarle, le pregunté: ¿Puedo hacer un chiste ? , me contestó: " No, profe". Bueno, le dije, siga, pero le voy hacer la anotación y retomé mi labor. Luego cuando la clase terminó, me acerqué de manera discreta donde ella, que estaba arrimada a la pared mirando su celular y le dije: "¿Quiere saber lo que le iba a decir hace un rato ?. Sí, respondió. Entonces le conté que al verla con la escoba me hubiera gustado decirle: "Tiene transporte propio y llega tarde a clase". Ambos nos pusimos a reír de buena gana. 

                                                                        ***

... Y LA ÑAPA : La historia de la foto de portada, a la que le hice un fotomontaje
N.11
FRUTO INESPERADO


Estábamos por terminar la jornada escolar cuando reparé en que debajo de un pupitre había una maltrecha y pequeña mata de plátano, que un estudiante había traído para una clase de Ciencias Naturales. Como mis estudiantes estaban ocupados en la actividad que les había asignado, tomé la planta y la puse en mi pupitre, acto seguido la regué con un poco de agua que tenía en mi botella, luego decidí que iba a tomar una fotografía. Arrimé el pupitre al tablero, luego dibujé un cuaderno abierto y escribí ABC en una de las páginas y unas líneas en la otra; cuando terminé la instalación, puse mi rúbrica, una especie de J. El escenario estaba listo para la foto.
En esas estaba cuando me di cuenta  que varios de mis estudiantes seguían  atentos mis movimientos, especialmente uno que minutos antes estaba recostado sobre su mesa, no por desidia, sino porque ese día había tenido uno de sus “ataques de narcolepsia” y como había caído enredado en la maraña de la somnolencia, había estado durante toda la clase, completamente ajeno a lo que estábamos haciendo, pero mi intervención sobre la planta parecía haberlo despertado de su letargo, porque levantó con interés su cabeza para seguir observándome. Tomé la foto, y entonces una sonrisa se dibujó en el rostro adormilado del chico, y luego me hizo un gesto de aprobación con el dedo pulgar de su mano derecha, parecía que ya había salido de marasmo, porque luego se puso a ojear los apuntes de su cuaderno. 
La pequeña planta había dado un fruto inesperado.  
(26-X-2019)

John Montilla. Textos y fotografías N: 0, 6,7.9 11. Las restantes tomadas de internet. 

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