domingo, 20 de marzo de 2016

¡ NO PLANCHES !

Por. John Montilla

La casualidad me hizo ver una imagen con un particular mensaje: “Campaña a favor de la aceptación de la ropa arrugada.”  Pienso que la idea no es muy descabellada y que sus promotores tienen mucha razón empezando con que el acto de planchar implica un desperdicio de tiempo, dinero  y energía; entonces decidí ahondar un poco más en el tema y al  indagar, recordar, leer  y entrevistar a algunas personas surgió el siguiente discurso:



Comienzo anotando que no tengo la certeza de cuando a la gente le dio por empezar  a planchar la ropa, lo que sí sé,  es que desde  tiempos remotos llevar la ropa sin arrugas se consideraba un símbolo de refinamiento y pulcritud, pero el prolongado y tedioso oficio del planchado, era un duro trabajo que se asignaba a esclavos y  sirvientes.

Ya en época de los abuelos se utilizaba la vieja plancha de carbón, la cual se llenaba con brasas calientes, se tapaba  y listo para la tarea de desaparecer arrugas;  claro que este  artefacto había que agitarlo o soplarlo un poco para que le entrara aire por los orificios  laterales ubicados en la parte baja para que el carbón no se apagara. Alguien que las usó me dice: “Lo malo de esas planchas era que hacía mucho calor y eran muy pesadas”, y además la ropa blanca se podía manchar cuando volaba ceniza con alguna brisa intrusa o cuando se la soplaba más de la cuenta, y en el peor de los casos, podrías también quemar la ropa si alguna chispa volátil caía sobre ella.

El paso del tiempo dio origen a la plancha eléctrica, lo cual subsano todos los inconvenientes de la plancha artesanal, aún hoy recuerdo un viejo comercial que rezaba: “Como lo que plancha es el calor y no el peso, nueva plancha… etc, etc”, hoy en día existen en toda variedad de gamas y estilos; una página web afirma que cada 2,5 segundos se vende una plancha en el mundo;  lo único que se requiere es haya energía eléctrica, porque de lo contrario les toca hacer como he visto a algunos hacerlo: Calentar al fuego planchas modernas en desuso, cuando no hay energía.

Pero, también están aquellos que de una u otra manera le hacen el quite a este engorroso oficio. Una  dama así lo expresa: “La plancha y yo somos enemigas.”   Alguien me cuenta sobre cierto personaje que tenía su manera particular de lidiar con las arrugas de su vestimenta: “Según él, nunca planchaba, simplemente colocaba su ropa doblada entre lienzos blancos debajo del colchón y listo.” Literalmente se acostaba encima de su ropa. El resultado de esta operación no sabemos; habría que ejecutarla para cerciorarse.

Alguien más me comparte un truco para no planchar: “Ponerse unos cinco o diez minutos en la noche la ropa que vas a usar al otro día.”  Debo confesar que funciona. Pero no hay que llegar al extremo al que llegó un pariente cercano: En los tiempos de estudios  primarios, un primo solía bañarse en las noches, se ponía su uniforme escolar, y luego se acostaba a dormir,   al otro día se levantaba de último y luego se iba  tranquilo para la escuela. No recuerdo cual  sería el aspecto de su traje.

Los que le huyen al planchado recomiendan colgar la ropa en ganchos una vez se ha lavado, así evitará que esta se arrugue mucho. Pero aquellos que de una u otra manera han tenido mucha relación con la plancha, de manera contundente dicen que no les gusta planchar. Uno de las personas que entrevisté, me lo expresa de esta manera: “Me gusta mucho ver a la gente usar ropa bien planchada, pero en mi opinión ese acto es desagradecido, porque dura muy poco, es decir, las arrugas vuelven muy rápido, además quita tiempo, y  requiere mucha energía eléctrica.”

Una página web que promociona un producto para facilitar el planchado hace esta afirmación: “En el siglo 19, se usaba el “hierro caliente” como método de castigo. Hoy en día, con canastas a su alrededor llenas de ropa arrugada, es exactamente lo mismo, una tortura.”  Y luego rematan diciendo que el producto X te libera de la tediosa tarea de planchar, a la vez que protege la ropa de manchas futuras.

Un caballero, que entre otras, fue de las pocas personas que  afirmó que le gustaba la tarea de planchar,  me cuenta, que: “el acto de planchar no me molesta ni me quita nada.” Y que le da pena andar con la ropa arrugada. En ese sentido relata su experiencia de la vida militar: “En el  batallón me tocó planchar con harina revuelta con agua para endurecer el cuello.” Palabras más, palabras menos, nos describe el proceso así: Se mezclaba harina con agua, se remojaba la tela por detrás y luego al planchar el cuello quedaba tieso, y como la tela era de color caqui, no se notaba mucho la mancha de la harina; el mismo proceso de almidonar lo usaban para los bolsillos, las hombreras y la gorra. Obviamente, en la noche tenían que lavar las prendas.


Otra  persona, rememora así su experiencia con la plancha: “Tengo un recuerdo no tan agradable que guardo, pues mi abuelita (hace aproximadamente unos 20 años) me dejaba la tarea de planchar toda la ropa de mis tíos, mi abuelo, en fin de toda la familia, yo sólo observaba una montaña, no solamente de ropa, sino también toallas, sábanas, tendidos, y me preguntaba: ¿Para qué planchar todo eso?, aunque mis favoritos eran los pañuelos,  porque eran pequeños.”

Mi colaboradora continua expresando: “otra cosa que odiaba de planchar era que después de eso no podía salir de la casa, ni tocar agua. Debía calentarla  para bañarme las manos, porque de hecho mis manos, mi estómago y mi cara se ponían calientes tras horas y horas de ejecutar ese acto del que no me quiero ni acordar.” Pero, eso sí es enfática al afirmar: “Aunque aprendí cómo planchar muy bien los cuellos de las camisas.” Vaya usted y pídale que hagan eso a  las nuevas generaciones: ¡No te planchan un pañuelo!, empezando porque desconocen la existencia de esa prenda.

Otra cosa que apunta mi entrevistada, es el clásico olor del planchado, me dice:
“¡ El olor a planchado, aún hoy lo detecto a leguas!, por supuesto,  es un olor inconfundible sobre todo si las camisas de mi abuelito quedaban mal lavadas en la zona de las axilas. Recuerdo que la plancha era de vapor y cuando se dañaba tocaba echarle gotitas de agua a los pantalones para que la línea del centro quedara perfecta; mi abuelita revisaba que no estuviera torcida y que coincidieran las costuras exactamente. Debían de estar alineadas, al igual que los filos de los pañuelos.”

Y remata contándome que: “una vez estando en esa labor me puse a pensar qué sería de mi vida haciéndolo por el resto de mi existencia.” Concluye diciendo que eso le permitió reflexionar y huir de casa en el buen sentido de la palabra, y que tan pronto terminó el bachillerato se fue a estudiar a la universidad. Hoy piensa, de manera jocosa, que todo ese trabajo de planchar los domingos que le asignaban era una estrategia para que no saliera de casa. En la actualidad dice que su esposo plancha su propia ropa, y en tono de broma, expresa, que le ayudaría si fuera necesario, y cuando compra ropa, prefiere aquella que no se deba planchar.







Pues bien, llegados a este punto me encontré que hay una campaña en Argentina  denominada: EL DIA DE LA CAMISA ARRUGADA el cual se celebró el 20 de diciembre con el  objetivo de generar conciencia respecto a la importancia de frenar  el cambio climático; (existe “el día sin pantalón”, cuyo objetivo es defender la libertad de expresión, así que no tiene nada de raro que se inventen una campaña más en favor del planeta).

En la página denominada: nolaplanches.com  justifican su campaña, con  varios convincentes argumentos, entre los que se destacan los siguientes: que no enchufar la plancha equivale a plantar siete arboles. No conectar la plancha genera el oxigeno que necesita un ser humano durante ocho horas y que es como apagar 12 bombillas pequeñas de 100 vatios.  Además los promotores proponen que debería ejecutarse esta acción cada jueves y en  el  portal  piden que se utilice la camisa más arrugada que se tenga y así mismo explicar a los curiosos en qué consiste esta propuesta ecológica. En este sentido la arrugadísima camisa de color chocolate que solía usar un compañero de colegio, sería perfecta para esta campaña. Recuerdo que otro compañero le digo un día: “Hola Nacho, plancha esa camisa” y el hombre respondió: ¡Que va, si así  es su diseño! No lo olvido, porque nunca he visto otra igual a esa.


Puestas así las cosas, y en estos tiempos de ahorro de tiempo, dinero y energía, bien valdría la pena intentar algo similar en nuestro país y crear nuestro propio día con la camisa arrugada, quizás para un día martes, nos quedaría fácil decir: “El martes ni te cases, ni te embarques, ni planches”. También hasta se le podría solicitar la ayuda a Juanes, pidiéndole que nos reforme su canción y nos cante, NO “música para planchar” sino para “desplanchar”. Sería interesante escuchar una versión de  “tengo la camisa negra… y arrugada”. La balada romántica la podríamos usar en la forma que la define el DJ Hugo Florez en el tiempo.com: “… la música para planchar tiene la virtud de unir a los grupos".

Y como de hacer grupos se trata, termino diciendo, que no le jalo a la balada “Caliente, caliente” de Rafaela Carrá, y que para dar ejemplo opto por dejar tirada la plancha eléctrica y me quedo conservando como un tesoro del ayer la ya fría y antigua  plancha de los abuelos, esperando a ver quien se une a esta solitaria y fresca iniciativa.

John Montilla
Esp. Procesos lectoescritores.


Adenda: En la parte inferior, imagen que dio origen a este artículo.







sábado, 20 de febrero de 2016

COMO ANILLO AL DEDO

Por. John Montilla


Alguna vez en la escuela la profesora nos hizo hacer este juego de palabras: seleccionar un refrán y luego intercalar en la mitad del mismo la expresión POR DELANTE y al final agregarle la expresión POR DETRÁS, lo cual traía como resultado  frases graciosas. Pues bien, me acordé del ejercicio y en esta oportunidad decidí agregarle  la palabra ANILLO y hacer unas pequeñas modificaciones, y este fue el producto:



-A caballo regalado POR DELANTE, no se le mira el anillo   POR DETRÁS.

-Barriga llena POR DELANTE, anillo contento POR DETRÁS.

-A falta de pan  POR DELANTE  buenos son anillos POR DETRÁS.

-A mal tiempo POR DELANTE, buen anillo POR DETRÁS.

-Al que a buen árbol se arrima POR DELANTE  buen anillo lo cobija  POR DETRÁS.

-Camarón que se duerme POR DELANTE se le llevan el anillo POR DETRÁS.

-Cría cuervos POR DELANTE y te sacarán el anillo POR DETRÁS.

-Árbol que crece torcido POR DELANTE  nunca su anillo endereza POR DETRÁS.

-De tal palo POR DELANTE tal anillo POR DETRÁS.

-El que quiere pescado POR DELANTE que se moje el anillo POR DETRÁS.

-El que tiene tienda que la atienda POR DELANTE, o si no que  venda el anillo POR DETRÁS.

-En casa de herrero POR DELANTE,  palo en el anillo POR DETRÁS

-Indio comido POR DELANTE anillo ido POR DETRÁS.

-Juntos POR DELANTE pero no anillos revueltos POR DETRÁS.

-Más claro POR DELANTE no canta el anillo POR DETRÁS.

-Más vale estar solo POR DELANTE que anillo mal acompañado POR DETRÁS.

-Más vale pájaro en mano POR DELANTE que 100 pájaros volando en el anillo POR DETRÁS.

-Ojo por ojo POR DELANTE y anillo por anillo POR DETRÁS.

-Ojos que no ven POR DELANTE, anillo que no siente POR DETRÁS.

-Un clavo POR DELANTE saca a un anillo POR DETRÁS.

-A lo hecho POR DELANTE....pecho en el anillo POR DETRÁS.

-Hijo de tigre POR DELANTE sale pintado el anillo POR DETRÁS.

-A Dios rogando POR DELANTE y el anillo dando POR DETRÁS

-Dime con quién andas POR DELANTE y te  diré que anillo eres POR DETRÁS.

-El que mucho abarca POR DELANTE.... Poco aprieta el anillo POR DETRÁS.

-Perro que ladra por DELANTE no te muerde el anillo POR DETRÁS.

 Por último debo decir que no me atreví hacer lo mismo con el refrán que utilicé como título para este artículo, pero si me vino: “como anillo al dedo”.


John Montilla 

(Imagen tomada de facebook : Design Fanpage)

domingo, 16 de agosto de 2015

AQUELLAS MÍTICAS E INOLVIDABLES VIEJAS REVISTAS

Por. John Montilla

Del baúl de los recuerdos  les traigo  la magia de las revistas de antaño, para rendirles tributo por el legado que nos dejaron.

Si usted lee de principio a fin las siguientes líneas. Me atrevería a asegurar que quizá fue un afortunado que alguna vez tuvo entre sus manos aquellas míticas, fantásticas e inolvidables revistas de antaño.




Enumero algunas. KALIMAN “el hombre increíble”, ARANDÚ “el príncipe de la selva”, TAMAKÚN “el vengador errante”, AGUILA SOLITARIA, MEMIN, JUAN SIN MIEDO, FLASH GORDON, STARMAN, VAQUEROS, etc. etc.


Al hacer una comparación con el presente; ¿que valor se les puede dar hoy?, yo diría que muchísimo, ¿por qué?,… la respuesta es sencilla y contundente: porque mediante estas aparentemente “inútiles revistas”  algunos nos iniciamos en el gusto voluntario por la lectura.




Ese tipo de “cosas” se leía por puro placer, “perdedera de tiempo” según algunos, pero su magia, repito, estaba  en el goce y atracción por la lectura.




Si usted es padre de familia, abuelo, tío, profesor, (o joven o niño), le pregunto: ¿Tienen los jóvenes o niños en la actualidad la lectura como pasatiempo?, ¿Existe en ellos el amor por la verdadera literatura?, en mi calidad de docente me atrevo a afirmar que un gran porcentaje la respuesta es negativa.




Ahora bien, ¿Que tienen que ver esas “insignificantes” viejas revistas con la verdadera literatura?: La conexión es de nuevo evidente, mediante ellas una vez adquirido el hábito de  leer, era muy fácil pasar  a la lectura de cualquier tipo de texto, este  fue el gran favor que estas revistas nos hicieron.




En el entretanto, dichas revistas en medio de sus fantasías, también nos dejaron sus enseñanzas; a manera de testimonio puedo citar varios ejemplos: Las primeras nociones que tuve  de la increíble y maravillosa mitología griega, fue gracias a una revista de KALIMAN, que situó al personaje en una aventura llamada “el viaje fantástico” y una vez despierta la curiosidad  por ese mundo mágico, no fue muy difícil pasar a los clásicos de Homero: La Iliada y La Odisea.; igualmente mis primeros apuntes acerca de la cultura Inca se los debo a este personaje de ficción.




Por otra parte, que decir de los mensajes que en el trasfondo  nos dejaban, o sino que tal este lema de TAMAKÚN, un héroe ya desaparecido de la memoria de muchos:


Donde el dolor desgarre…
Donde el peligro amenace…
Donde la miseria oprima…
Allí estará Tamakún,
el vengador errante.




 Así mismo, que decir del lema del mítico KALIMAN: “No hay fuerza más poderosa que la mente humana y quien domina la mente lo domina todo”… en síntesis: el estudio; así se lo repetía constantemente a su pequeño e inseparable amigo Solín: “Recuerda que el estudio es la superación del hombre y le permite ser superior a las fieras, cuanto más sepas, más vales”, o  este sabio consejo “Toda la sabiduría del mundo está en los libros”.


Especial mención merecen los principios de KALIMAN, entre los cuales estaba la vida por encima de todo, pues pese a los mil enemigos y sin fin de aventuras, jamás mató a nadie, luchaba en pro del bien y la justicia, pero sin mancharse las manos de sangre. Ojalá Colombia entera lo hubiera  leído y sobretodo se hubiera  apropiado de estos preceptos.


 Otro legado de esas revistas radica en los apuntes geográficos  que de ellas se podían obtener, ya que toda aventura necesariamente se desarrollaba  en  un lugar determinado: África, el Polo Norte, La India, China, la selva de Borneo o del Amazonas, etc. Aquí también la curiosidad lo llevaba a uno a echarle  una mirada al Atlas Universal, y listo, cortas pero eficaces clases de geografía.




Gracias a una aventura de ARANDÚ, pude enterarme que alguna vez existió un gran único  continente llamado Pangea, ya que los personajes buscaban un cementerio perdido de elefantes en el Amazonas basados en la teoría  de que alguna vez África y América estuvieron unidas.





Podría escribir todo un ensayo sobre este asunto, (lo dejo pendiente), por ahora simplemente resumo diciendo, que en últimas lo menos que pudieron dejarnos este tipo de  lecturas fue la ortografía, ya que la manera más eficaz de aprenderla es leyendo. Por tanto, sólo me resta volver a agradecer  ese pequeño gran legado que aquellas viejas revistas nos dejaron.

Coletilla: Me queda valioso material que me hicieron llegar unos lectores para un nuevo artículo; espero escribirlo pronto y compartirlo. 

John Montilla: Lic. en Lenguas Modernas
Esp. Procesos lecto-escritores.
























viernes, 7 de agosto de 2015

EL PRÍNCIPE DE AZUL (Mini cuento)

Por. John Montilla



Ella: ¡ Veo que hoy vino de azul !


El:  Sí, es que hoy quiero estar a “zu” lado.




CUENTITO DIBUJADO: EL BARQUITO

Por. John Montilla 


Para Marcela, mi sobrina




Un barquito de papel periódico navegaba
solitario en un pequeño charco
que había camino a la escuela.


El barquito estaba muy contento
al principio, flotando de un lado para otro; 
pero pronto se dio cuenta
que el espacio era muy reducido
y empezó a sentirse triste.

El barquito estaba tan triste
que dejaba que el viento lo golpeara
con las orillas para que lo destruyeran
y así convertirse de nuevo en una hoja
de periódico para poder irse a volar por el mundo.


De pronto llegó un pajarito
a beber agua del charco
y al ver al barquito tan triste prometió ayudarle
cuando este le contó su problema.

























El pajarito voló hacía  la nube mayor
y le contó el problema del barquito.
y ésta dijo que mandaría una lluvia
para ayudarle a salir de su recinto.














Una gotita de agua fue enviada como mensajera
para advertirle al barquito
que la lluvia estaba en camino.



El pajarito se ofreció a proteger al barquito
bajo sus alas mientras caía la lluvia.


La lluvia inundó el charco,
formó muchos arroyuelos
y por uno de ellos se deslizó el barquito,
llegó a un río, luego se fue a navegar libre
por el mar. 




















John Montilla. Texto e imágenes
Esp. Procesos lecto-escritores

CULEBRERO, VENDIENDO FE

Por: John Montilla

La gente ya estaba reunida a su alrededor cuando me acerqué  y pude observar en el centro del grupo a un hombre de rasgos indígenas de larga cabellera, con un moderno amplificador de sonido y un  micrófono que le permitía tener las manos libres para maniobrar todos los objetos esotéricos que tenía desparramados con un determinado orden en el piso  junto a una pequeña maleta de color negro.


Justo en ese momento el culebrero estaba mostrando a la concurrencia un trajinado álbum de fotos en el cual se veían imágenes explicitas de periódicos sensacionalistas, con grandes titulares rojos. Alcance a ver la imagen de un hombre con una barriga descomunal como si hubiera tragado un sapo gigante, creo que les decía que eso no había sido fruto de una enfermedad sino de un maleficio y que el hombre había logrado curarse gracias a la sabiduría de un chaman.

Por un momento me desentendí del largo discurso que se echó sobre brujerías, maleficios, mal de ojo y otro tipo de cosas similares mientras le iba mostrando a su público todas las chucherías que tenía a mano; dijo que la magia roja era para atraer, la verde para alejar, la blanca para hacer el bien y de la negra dijo con gran énfasis que era para hacer el mal. Y por ese camino se metió de que así como hay el bien, también existe el mal, e igualmente hay personas que nos quieren y otras que no, y que para esos que nos desean el bien hay que abrirles nuestro corazón,  pero contra aquellos que nos desean el mal debemos protegernos y que él había regresado quince años después a este pueblo para demostrarles cómo hacerlo.


Acto seguido pide a los presentes más interesados que le presten una moneda, un anillo, una llave u cualquier objeto metálico pequeño. Un grupo significativo de personas accede a ello, con lo cual logra “atar” ya, a un sector de la concurrencia. Su lengua es una soga para sujetar oídos  incrédulos. Le dice a un niño que  se ha sentado que se  levante y se vaya  a dormir a la casa. Cuenta con gran elocuencia que cuando los hombres se toman una cerveza en un bar, a la hora de ir al baño le echan porquerías en el licor. Habla del mal de ojo, de gente con sangre pesada que marchita las flores con sólo tocarlas. Cita un clásico ejemplo: “¡Señora le compro el perro! - ¡No se lo vendo! y que al otro día el perro amanece muerto.” Les habla de cómo se preparan diversos tipos de bebedizos con unos componentes casi imposibles. Su prodigiosa verborrea no se detiene.

Luego sacando un pequeño recipiente de plástico les muestra un supuesto brebaje de un color oscuro que tiene de ingredientes algo así como: “Cabellos de  persona, sangre de gallinazo, lengua de sapo, babas de suegra, tierra negra, lagañas de mala vecina, tierno corazón de golondrina, pelos de aquí y de allá, , etc, etc.” Remacha diciendo que cuando le quieren hacer el mal a alguien todas esas porquerías sino se las dan a beber, se las van a enterrar con su nombre y fotografía en el cementerio. Y que por tanto hay que estar protegido contra esos males.

Después el culebrero pone los objetos que el público le prestó dentro de un vaso de vidrio con agua clara, luego echa unas gotas del “sucio brebaje” dentro del vaso; al diluirse la mezcla el agua se pone   turbia. En seguida le pregunta a uno de los espectadores si quiere tomar un  poco, obviamente la persona sorprendida se niega a hacerlo. Entonces el culebrero mete un pequeño crucifijo y un amuleto en una bolsita de tela y lo introduce en el vaso de agua oscura, y con mucho misticismo y convicción se pone a recitar una oración en lengua indígena, algo así como: “ Guachi chamuri salvarati chocha…echa noche e chango y  echo chingo ocha la noche con el chavo del ocho ...”

Luego le pide a una señora que ponga el vaso de cristal en su mano, la mujer tímidamente da un paso al frente y toma el vaso. El culebrero, le pide a ella que con una mano lo sostenga y que con la otra lo cubra  para que el agua no se derrame y que  de un movimiento rápido le dé la vuelta y lo ponga de nuevo derecho. Ella así lo hace y milagrosamente al instante el agua turbia se pone clara y trasparente. El público esta maravillado de la sabiduría del culebrero.

Para intensificar su presentación, le pide a alguien que abra una bolsa de agua  que tiene a mano  y se tome un sorbo de esa agua limpia y fresca, luego le pasa la misma bolsa  a un par de persona más, a quienes les pide que también se tomen un poco, y para reforzar la tranquilidad de las personas, él también se toma su sorbo. Después, toma el frasquito  de su oscuro brebaje y echa unas gotas dentro de la bolsa; el agua lógicamente se torna turbia, y  le pregunta a una atractiva joven del público  si se anima a tomar un poco de esa agua, la joven ríe nerviosamente mientras niega la invitación con un gesto.
Naturalmente,  otros también se niegan a beber ese desagradable liquido, acto seguido  el culebrero toma la bolsa de agua turbia y la va vaciando en el vaso que antes se había aclarado y al ir echándola, ésta  al instante se va tornando cristalina, la gente sigue maravillada la demostración, luego toma el vaso y  rocía un poco de agua dentro de la bolsa y esta también se torna transparente. El hombre ya sudado y sediento por tanto discurso se  bebe por completo el agua de la bolsa mientras habla incansablemente de las maravillas del talismán dentro del vaso que es el escudo contra  los males divinos y terrenales. Y entonces viene el punto central del asunto.

El culebrero sigue su monólogo: “¿Cuánto vale ese mágico amuleto que te puede proteger de todos  los males.” Empieza diciendo que su padre en el Amazonas cobra 100 mil pesos sólo por la consulta, y   70 mil pesos más por el talismán, pero dice que él no está allí para  cobrar la consulta, que únicamente va a cobrar lo del talismán. Es decir  70 mil pesos, le pregunta a  todos los que le pasaron su moneda u objeto personal si estarían dispuestos a pagar esa cifra y sólo una persona bien convencida levanta la mano. Los demás permanecen expectantes, luego dice que no; que él  no va a cobrar esa cifra, que él únicamente va a cobrar 20 mil pesos por la milagrosa piedra. Vuelve a preguntar a las “personas que tiene atadas” a su presentación y sólo tres alzan la mano. Un cálculo rápido, nos muestra que le convenía más, vender un solo amuleto en 70 mil pesos y no tres en  veinte mil pesos.

Pero como buen comerciante, remacha diciendo que no, que él tampoco va  cobrar esa cifra, mientras repite que su papá en el amazonas cobra 170 mil pesos,  dice: “Yo a los que me pasaron esos objetos con buena fe, sólo les voy a cobrar lo que valen cinco cervezas, es decir 10 mil desvalorados pesitos.”  Pregunta quién va llevar el talismán por ese precio y está vez el resultado es mucho mejor: cerca de veinte personas levantan la mano en señal de afirmación, luego procede a entregar el talismán de la buena suerte en la mano derecha cerrada mientras que  con la mano izquierda le pasan el dinero, al mismo tiempo que pide que le digan: “Indio no te pago, sino que te regalo estos diez mil pesos.”  Y finaliza la entrega con una oración en lengua desconocida.

Como el hombre ya se  mueve en su terreno, vuelve a preguntar: ¿Quienes quieren llevar el talismán y no tienen los diez mil para pagarlos?, unos pocos alzan la mano, entonces el culebrero  dice: “Como mi intención es ayudarles entonces se los dejo a 5 mil pesos.” Con lo cual consigue vender algo más. Para rematar su función ante la expectativa de los que adquirieron el amuleto dice con voz profunda y llena de convicción: “Yo sé quien de ustedes tiene una enfermedad venérea que no ha podido curar en seis meses, se quien tiene un hijo desaparecido, se a quien le están haciendo una hechicería, y a quien y con quien le están poniendo los cuernos.”

El morbo de la gente crece en atención,  pero el culebrero afirma que eso no la va decir en público, en vez de eso termina el acto invocando  una oración y haciendo la señal de la cruz, la gente lo imita. Luego dice que esas cosas son privadas, y que si quieren  saber lo que tienen que hacer  lo acompañen a su consultorio provisional en un hotel de la ciudad. La gente que le compró el amuleto lo sigue, mientras su ayudante recoge toda la parafernalia usada en el acto de pescar clientes. El ayudante devuelve los objetos y las monedas a aquellos que no compraron el amuleto y arroja por el piso del parque las monedas que sobraron en el vaso y que nadie reclama. Una señora que presenció todo el espectáculo se siente temerosa de tomarlas, pero una inocente niña recoge las monedas del suelo, completa mil pesos y veo que sale corriendo feliz  a  comprarse un helado de crema.

Para terminar mi  resumen de este típico suceso callejero, me atrevería a afirmar que bien podrían los estudiantes de secundaría realizar un ejercicio de química en el que manipulen algunas sustancias para obtener resultados como en el acto del culebrero. También podría asegurar que el hombre no los estafó, simplemente les ofreció FE y ellos compraron. Pero lo qué sucedió en  la consulta privada con el culebrero, a mí también me gustaría saberlo.

John Montilla
Esp. Procesos lecto-escritores.


sábado, 30 de mayo de 2015

PAÍS ENREDADO

Por: John Montilla



Eran las 10 de la mañana, un domingo radiante  alegraba la luz; la ventana hace ratos  se asomaba por el sol, pero a esa hora mi cama aún estaba durmiendo, cuando escuché el canto del vecino  desde el gallo de al lado. Mi cama se levantó y vio que habían tirado la puerta por debajo del periódico.  Alarmado leí que el peligro estaba en proceso de  paz. La guerra decía que no era fácil  terminar con los políticos. Entonces las elecciones me recordaron el día. Así que el baño corrió hacia mí. Tome una ropa fría y apresuradamente me vestí con la ducha sin planchar. Después el chocolate y el pan me prepararon un rápido desayuno. Acto seguido le lave los dientes al cepillo, luego el celular y las gafas me metieron en la mochila. Antes de marchar el libro “Neic Soña ed Dadelos .” me agarró  y me metió debajo de su brazo. Al salir,  la puerta me cerró la casa, y le ladré al andén que estaba durmiendo sobre un perro. Ya en la calle, me puse en  la cabeza una canción  y  tarareando una gorra me fui  por  las elecciones hasta el lugar donde se estaba desarrollando el camino.

 En el trayecto agarré  un balón que iba corriendo detrás de un niño para que no lo atropellara  la velocidad que iba con un conductor a todo vehículo. Regañé al carro, que se había puesto pálido del susto, luego el  humo rugió  con estrepito y se marchó dejando una estela de oscuros  choferes en el aire. Indignado llegué a un puesto de información, pero con cortesía  le pedí a un número  de la mesa que me diera un computador, y me dieron una secretaria. Muy  agradecido me fui de allí,  la mesa me pidió que no votara por su candidato.

Cuando llegué con el portón hasta el centro de votación, saludé a la seguridad que estaba prestando unos  policías. Requisé a uno y le pedí que se identificara, luego lo deje entrar. Ya en el interior, me dirigí al jurado y salude a las mesas, me pasaron las cédulas y  el partido político me preguntó por cual jurado iba a votar. ( La consulta democrática de ese día era de los azules , por eso yo iba  vestido de rojo, así que  pedí un tarjetón verde para marcar por  los amarillos.)  Uno de los tarjetones me pasó un jurado firmado.

El cubículo vino hacia mí, y allí el candidato con mi lapicero me dibujo una X en el  rostro; acto seguido  doblé el  lapicero, lo eché en la urna y luego me metí el candidato del tarjetón en el bolsillo. Fui a la cédula y una mesa me pasó mi jurado,  saqué mi bolsillo  y  metí al jurado en la billetera. Le di las gracias a los tarjetones y  me marche tranquilo  para la casa.

Al llegar,  me abrió la puerta y la casa entró en mí, la radio me encendió. La nevera vino hacia mí  y  un jugo con trozos de hielo me pusieron en un vaso. Un sillón se sentó sobre mí, y  mientras el jugo se puso a esperar a sorbos el resultado de las elecciones,  el hielo  preocupado  se iba tomando   el recrudecimiento del conflicto, mientras yo me iba derritiendo lentamente  ante el tremendo enredo que envolvía  a nuestro país.


John Montilla 
Esp. Procesos lecto-escritores