Por: John Montilla
Les voy a narrar lo que
recuerdo del contexto de la imagen:
Hace unos años era casi que
tradición en el “Colegio Pío XII” de Mocoa, que los estudiantes de grado 11
hicieran una visita de estudio a las instalaciones de Ecopetrol en Orito. Antes
no era tan complicado que un profesor saliera con estudiantes a actividades
como esa; hoy en día, hasta para cruzar la calle toca tener autorización
firmada tanto de padres como de directivos. Y uno la verdad lo piensa hasta
tres veces antes de tomar una decisión de hacerse cargo de un grupo para salir
de la institución.
Pero, en los ochenta se podía
hacer eso y mucho más. Otros tiempos. Así que, en el susodicho viaje,
conseguimos el transporte y nos largamos a ver cómo era el cuento del petróleo.
Nos fuimos a quedar en las instalaciones de un colegio de la localidad, nos
prestaron colchonetas, y cada uno llevó su cobija.
Recuerdo perfectamente que al
ingresar miré a dos niñas pintando un pequeño mural con la figura del gato
Garfield agarrando una manzana, nada más ochentero que ese perezoso gato. Como
me lo sabía casi que, de memoria, les ofrecí un poco de asesoría un momento.
Llegamos un viernes en la
tarde y como la visita de estudio era el sábado; primero nos instalamos, como
pudimos nos duchamos en las instalaciones del colegio y luego con las primeras
sombras de la noche nos fuimos a cenar a un restaurante que alguien del grupo
recomendó: “Donde la Macarrona”; así creo le decían a la propietaria que era
una señora todo dicharachera, de buen humor, y de quien se decía le gustaban
los “sardinos”, con ese tema armamos tremenda recocha en el local.
Luego, la gran mayoría fuimos
a parar a las discotecas. Esa noche casi nadie se quedó a dormir. Nos
“enrumbamos” hasta tarde en la noche. No hubo poder humano, ni palabras del
profesor que valieran para detener a la turba juvenil que se iba de parranda.
Todas las advertencias fueron
inútiles. Nos fuimos de parranda. A pesar de que nos dijeron que no era
aconsejable y que había que tener cuidado, era una época de aguas turbias. Por
fortuna todos regresamos sanos y salvos a dormir. Bueno a tratar de “dormir” porque el desorden
que se armó, en esa cama general o sala general en la que nos quedamos los
varones no dio para eso.
Fue una noche de recocha
brava, los zapatos y la ropa volaban de lado a lado en la oscuridad y a pesar
de que nuestro pobre profesor echado en la hamaca que había llevado, intentaba
apaciguar el caos, todo resultó inútil. El punto cumbre del asunto fue cuando
un mano desconocida y protegida por la oscuridad apareció de repente con una
navaja, y le cortó la cuerda de la hamaca al profe. Las malas lenguas decían
que fue el amigo Vitery, pero otros le achacaban el delito a otros. Nunca se supo. Algunos al ver que no se podía
dormir salieron a conseguir más guaro para seguir la “tomata” en los patios del
colegio.
Pero como nada es eterno al
final la larga noche llegó a su fin, y fue después de alistarnos para asistir a
las charlas planeadas, cuando al salir encontramos un difunto tirado en la
calle frente al colegio. En el desorden
y bulla que estuvimos no habíamos escuchado los disparos.
Así que en pensativos y
silenciosos nos fuimos a la visita institucional a las instalaciones de
Ecopetrol, después de una noche de trasnocho fue una jornada ardua, más de uno
se durmió durante las exposiciones y el sol del día, nos hizo sudar el recorrido.
Pero fue una muy buena experiencia. Lo mejor de todo fue el refrigerio y la
tarde de baño en el río.
Al regreso, con el informe del
profesor, tres compañeros fueron suspendidos, creo que esa fue la última vez
que el “Pío XII” hizo ese viaje a Orito.
***
La enseñanza de esa salida:
Mucho petróleo, mucha contaminación y pocos beneficios para ese pueblo. Ahora
debe ser como Dubái.
***
John Montilla (10-IX-2026)
Relatos de mis memorias:
jmontideas.blogspot.com
Imagen: Créditos al autor

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