viernes, 9 de octubre de 2026

PIERO Y MI PEQUEÑA HISTORIA

 Por: John Montilla

Lo más cerca que estuve alguna vez de Piero fue estar en las afueras del coliseo en el que él estaba dando un concierto.

Eran tiempos de la universidad y no había los recursos suficientes para ciertos gastos.

Eran los tiempos en que yo andaba aprendiendo para crecer.

“Aprendí a crecer por la ciudad vacía

Buscándome el pan, pan, pan de cada día

El mundo me dolía por dentro

Viajaba la noche hasta el silencio

Mientras crecía, mientras crecía” ...

De ese episodio cercano, recuerdo una charla un tanto irónica con un amigo francés que estaba de asistente en la universidad.

No recuerdo si el francés fue al concierto de Piero—el ítalo-argentino que se nacionalizó colombiano— o dónde pudo encontrarse con él.

Lo cierto es que de ese breve encuentro me dijo:

“Piero canta la canción satírica Los Americanos, pero lo vi con unos zapatos marca Nike”

Como le hallé gracia a esa paradoja, escribí luego un mini-relato.

Y ahora, con la partida de Piero, me fui a buscarlo entre mis viejos apuntes.

La fortuna estuvo conmigo porque ese texto estaba en la primera página de mi maltratado cuaderno de notas.

Y muchos años después, por primera vez, lo voy a publicar tal cual lo escribí:

***

EL CONCIERTO

¡Piero!, ¡Piero! Aclamaba el público.

El concierto llegaba a su fin.

“Ellos nacen ancianos, y van enniñeciendo,

a través de la vida, los americanos.

Y nacen convencidos, que no hay nadie en el mundo

que sea más importante, que los americanos.”

“Y bien, amigos míos, ya basta por ahora,

les dije lo que pude de los americanos.”

El artista saludó y se despidió entre ovaciones, sin notar la inquisidora mirada de un francés que contemplaba la masa de chicle que se había adherido a uno de sus zapatos “Nike”.

***

Recuerdo que mi amigo francés le vio cierta gracia al texto, y en memoria de él, lo he conservado.

La historia de mi amigo, que se llamaba a sí mismo “ciudadano del mundo”, y que por alguna razón yo relacionaba con el escritor Julio Verne, no tuvo un final feliz. 

Quizás algún día tenga la fuerza, la memoria y los datos para hacerle un homenaje.

Lo cierto es que con él compartimos jornadas memorables.

Luego, la vida a cada uno le dio su destino: yo regresé a casa, él se fue al cielo.

En la universidad, como cantaba Piero:

“Fui habitante del barrio, tuve muchos amigos”

Fueron tiempos no fáciles, pero memorables.

No pude ingresar al concierto de Piero la vez que lo tuve más cerca.

“Tengo una vida de pobre

A veces lamenta Juan

Apenas me pago el vino

Yo nunca puedo invitar”

Repito, eran otros tiempos, pero memorables.

Gracias Piero por tus canciones.

Me pregunto si mi amigo francés se fijará de nuevo en tus zapatos cuando te vuelva a encontrar.

***

La nostalgia se me escurre por las mejillas.

***

John Montilla:  jmontideas.blogspot.com (7-X-2026)

Relatos de mis memorias.

Fotomontaje: Laurent Vigoroux & Piero -Fragmentos de canciones de Piero

FOTO OCHENTERA

Por: John Montilla

Les voy a narrar lo que recuerdo del contexto de la imagen:

Hace unos años era casi que tradición en el “Colegio Pío XII” de Mocoa, que los estudiantes de grado 11 hicieran una visita de estudio a las instalaciones de Ecopetrol en Orito. Antes no era tan complicado que un profesor saliera con estudiantes a actividades como esa; hoy en día, hasta para cruzar la calle toca tener autorización firmada tanto de padres como de directivos. Y uno la verdad lo piensa hasta tres veces antes de tomar una decisión de hacerse cargo de un grupo para salir de la institución.

Pero, en los ochenta se podía hacer eso y mucho más. Otros tiempos. Así que, en el susodicho viaje, conseguimos el transporte y nos largamos a ver cómo era el cuento del petróleo. Nos fuimos a quedar en las instalaciones de un colegio de la localidad, nos prestaron colchonetas, y cada uno llevó su cobija.

Recuerdo perfectamente que al ingresar miré a dos niñas pintando un pequeño mural con la figura del gato Garfield agarrando una manzana, nada más ochentero que ese perezoso gato. Como me lo sabía casi que, de memoria, les ofrecí un poco de asesoría un momento.

Llegamos un viernes en la tarde y como la visita de estudio era el sábado; primero nos instalamos, como pudimos nos duchamos en las instalaciones del colegio y luego con las primeras sombras de la noche nos fuimos a cenar a un restaurante que alguien del grupo recomendó: “Donde la Macarrona”; así creo le decían a la propietaria que era una señora todo dicharachera, de buen humor, y de quien se decía le gustaban los “sardinos”, con ese tema armamos tremenda recocha en el local.

Luego, la gran mayoría fuimos a parar a las discotecas. Esa noche casi nadie se quedó a dormir. Nos “enrumbamos” hasta tarde en la noche. No hubo poder humano, ni palabras del profesor que valieran para detener a la turba juvenil que se iba de parranda.

Todas las advertencias fueron inútiles. Nos fuimos de parranda. A pesar de que nos dijeron que no era aconsejable y que había que tener cuidado, era una época de aguas turbias. Por fortuna todos regresamos sanos y salvos a dormir.  Bueno a tratar de “dormir” porque el desorden que se armó, en esa cama general o sala general en la que nos quedamos los varones no dio para eso.

Fue una noche de recocha brava, los zapatos y la ropa volaban de lado a lado en la oscuridad y a pesar de que nuestro pobre profesor echado en la hamaca que había llevado, intentaba apaciguar el caos, todo resultó inútil. El punto cumbre del asunto fue cuando un mano desconocida y protegida por la oscuridad apareció de repente con una navaja, y le cortó la cuerda de la hamaca al profe. Las malas lenguas decían que fue el amigo Vitery, pero otros le achacaban el delito a otros.  Nunca se supo. Algunos al ver que no se podía dormir salieron a conseguir más guaro para seguir la “tomata” en los patios del colegio.

Pero como nada es eterno al final la larga noche llegó a su fin, y fue después de alistarnos para asistir a las charlas planeadas, cuando al salir encontramos un difunto tirado en la calle frente al colegio.  En el desorden y bulla que estuvimos no habíamos escuchado los disparos.

Así que en pensativos y silenciosos nos fuimos a la visita institucional a las instalaciones de Ecopetrol, después de una noche de trasnocho fue una jornada ardua, más de uno se durmió durante las exposiciones y el sol del día, nos hizo sudar el recorrido. Pero fue una muy buena experiencia. Lo mejor de todo fue el refrigerio y la tarde de baño en el río.

Al regreso, con el informe del profesor, tres compañeros fueron suspendidos, creo que esa fue la última vez que el “Pío XII” hizo ese viaje a Orito.

***

La enseñanza de esa salida: Mucho petróleo, mucha contaminación y pocos beneficios para ese pueblo. Ahora debe ser como Dubái.

***

John Montilla (10-IX-2026)

Relatos de mis memorias: jmontideas.blogspot.com

Imagen: Créditos al autor

LA VIDA ES BELLA

 Por: John Montilla

Desde mi casa paterna estoy escuchando al vecino de enfrente que, junto con su grupo musical, están ensayando temas de música campesina. Debo confesar que siempre me ha gustado escucharlos, a pesar de que a ratos pareciera que desbarataran un tanto la armonía del silencio de la cuadra, pero tiene su encanto porque ellos le dan un preludio al diciembre que se acerca. Yo me digo: “Desde que don Segundo enciende, se siente que viene diciembre”. El vecino llegó a vivir al barrio hace ya varios años y llegó para quedarse. Lo triste de su llegada fue que nos dejó sin la pequeña cancha de arena donde de niños jugábamos torneos de banquitas y voleibol. Perdimos ese solar, pero ganamos un buen vecino.

Y mientras los escucho, cae otro de esos repentinos aguaceros del pueblo, después de un día soleado. Entonces se me ocurre hacer un barquito de papel para ponerlo a navegar un momento por el pequeño arroyo que discurre por la calle. Lo hago, lo suelto en la corriente, que lo lleva rápido por debajo de un automóvil estacionado, y luego lo veo aparecer pronto calle abajo por el pequeño torrente que ahora parece impetuoso. Metros abajo choca contra unas piedras que no deberían estar ahí, y un poco más allá encalla en una grieta del pavimento y hasta allí llega su efímera aventura de papel. La lluvia sigue cayendo y refresca el ambiente, la tarde agarra otro aroma. Esa bendita lluvia le da nueva vida a la calle y me parece que las cosas adquieren un tono festivo acompañado por la música del vecino y su grupo.

De repente todo me parece más bonito. Veo a la vecina más abajo que ha pausado un momento su pasatiempo de llenar sopas de letras para ponerse a conversar con otra vecina que ha llegado hasta su casa para guarecerse de la lluvia. El gato de otra vecina duerme perezosamente en una ventana, ajeno al agua que cae. El anciano que arrienda en la casona cercana hoy sábado no ha ido a recoger reciclaje, sino que se ha quedado tejiendo. Veo unos ovillos de lana blanca y roja que descansan en el piso, mientras él, caladas sus lentes y sentado en su silla, hábilmente sigue en su proceso de tejer bolsos.

Al poco rato, la lluvia, así como llegó, se fue, el gris del cielo desaparece y vuelve la claridad. Un momento después, un vendedor de jugo de borojó llega hasta donde los músicos con su carrito que tiene un colorido letrero llamado “El Borojazo”. Me acabo de enterar de que es inquilino del vecino. El sol vuelve a asomarse, las plantas y los bosques ya han saciado su sed. En esas llega mi hija y me saca de mi ensueño y me pide que le dé dinero para comprarse unas papas fritas, le paso un billete y la veo correr calle abajo, con la camiseta de la selección Colombia, que me gusta únicamente porque les hace un homenaje a las mariposas amarillas de García Márquez. Mi hija regresa pronto, pero con una bolsita de coloridas gomitas dulces. La tarde se ha vuelto multicolor. Como ya no cae la lluvia, veo a una madre sacar a pasear a su bebé en su cochecito rosado.

Mi vecino y su grupo continúan ensayando sus temas para las fiestas de fin de año:

“Sobre el juncal florido del riachuelo

viene volando un pájaro amarillo.”

Pienso que la vida se pone bella en las cosas cotidianas.

***

John Montilla (26-IX-2026)

Relatos en mi camino

jmontideas.blogspotm.com

NOSTALGIA MUNDIALISTA

Por: John Montilla

Entre mis tesoros del ayer, conservo este cuadro pintado con vinilos sobre lienzo. En su momento olvidé firmarlo. Creo que no lo hice porque si lo observo con detenimiento, tal vez encuentre algo que de alguna manera determine que está inconcluso. Por eso no tiene la fecha exacta de creación, pero la figura central que tiene el año escrito, me da una idea de cuando estuve trabajando en una de tantas de mis ideas creativas.

Es un collage de mascotas de los mundiales de fútbol. Tal vez la idea nació después del famoso cinco a cero que Colombia le propinó a Argentina, o quizás un par de años antes, cuando ya se había hecho pública la mascota del mundial del año 94. Estoy firmemente convencido que antes esas mascotas eran más bonitas y más populares. Mi favorita de siempre es “Piqué” de Mexico 86. Recuerdo haberlo dibujado varias veces y aún guardo algunas láminas del álbum de ese año.

Le doy un capítulo especial a “Ciao” de Italia 90. Recuerdo que lo elaboré en madera y una bola de icopor, y lo puse al pie del televisor familiar con un balón de piedra que había pintado. Cierta vez, en el río encontré una piedra perfectamente redonda - del tamaño de una pelota de microfútbol- y la pinté  en forma de balón. Creo que mis padres la botaron el día que un vecino le dio una patada descalzo. En cuanto a “Ciao”, mi madre dijo que terminó en el fogón de leña para hacer el almuerzo. Por fortuna, no estuve allí para verlo.

En todo caso, mi obra pictórica, dejada en mi casa paterna, sobrevivió a mi ausencia de los años de la universidad, y también a los años en que estuve laborando fuera de Mocoa. Ahora la tengo de nuevo en mi poder y he decidido publicar esta imagen que me trae gratos recuerdos de los tiempos en que también exploré las sendas del dibujo y la pintura.

Ojalá, en el futuro, los diseñadores de esas simpáticas mascotas vuelvan a crear imágenes que logren quedarse en la memoria de la gente y que otros niños y jóvenes tomen pinceles, lienzos y colores para plasmar instantes que permanezcan grabados para siempre.

***

John Montilla: (19-VII-2026)

Relatos de mis memorias

Imagen:  jmontideas.blogspot.com