Por: John Montilla
Lo más cerca que estuve alguna
vez de Piero fue estar en las afueras del coliseo en el que él estaba dando un
concierto.
Eran tiempos de la universidad
y no había los recursos suficientes para ciertos gastos.
Eran los tiempos en que yo
andaba aprendiendo para crecer.
“Aprendí a crecer por la
ciudad vacía
Buscándome el pan, pan, pan de
cada día
El mundo me dolía por dentro
Viajaba la noche hasta el
silencio
Mientras crecía, mientras
crecía” ...
De ese episodio cercano,
recuerdo una charla un tanto irónica con un amigo francés que estaba de
asistente en la universidad.
No recuerdo si el francés fue
al concierto de Piero—el ítalo-argentino que se nacionalizó colombiano— o dónde
pudo encontrarse con él.
Lo cierto es que de ese breve
encuentro me dijo:
“Piero canta la canción
satírica Los Americanos, pero lo vi con unos zapatos marca Nike”
Como le hallé gracia a esa
paradoja, escribí luego un mini-relato.
Y ahora, con la partida de
Piero, me fui a buscarlo entre mis viejos apuntes.
La fortuna estuvo conmigo
porque ese texto estaba en la primera página de mi maltratado cuaderno de
notas.
Y muchos años después, por
primera vez, lo voy a publicar tal cual lo escribí:
***
EL CONCIERTO
¡Piero!, ¡Piero! Aclamaba el
público.
El concierto llegaba a su fin.
“Ellos nacen ancianos, y van
enniñeciendo,
a través de la vida, los
americanos.
Y nacen convencidos, que no
hay nadie en el mundo
que sea más importante, que
los americanos.”
“Y bien, amigos míos, ya basta
por ahora,
les dije lo que pude de los
americanos.”
El artista saludó y se
despidió entre ovaciones, sin notar la inquisidora mirada de un francés que
contemplaba la masa de chicle que se había adherido a uno de sus zapatos
“Nike”.
***
Recuerdo que mi amigo francés
le vio cierta gracia al texto, y en memoria de él, lo he conservado.
La historia de mi amigo, que
se llamaba a sí mismo “ciudadano del mundo”, y que por alguna razón yo
relacionaba con el escritor Julio Verne, no tuvo un final feliz.
Quizás algún día tenga la
fuerza, la memoria y los datos para hacerle un homenaje.
Lo cierto es que con él
compartimos jornadas memorables.
Luego, la vida a cada uno le
dio su destino: yo regresé a casa, él se fue al cielo.
En la universidad, como
cantaba Piero:
“Fui habitante del barrio,
tuve muchos amigos”
Fueron tiempos no fáciles,
pero memorables.
No pude ingresar al concierto
de Piero la vez que lo tuve más cerca.
“Tengo una vida de pobre
A veces lamenta Juan
Apenas me pago el vino
Yo nunca puedo invitar”
Repito, eran otros tiempos,
pero memorables.
Gracias Piero por tus
canciones.
Me pregunto si mi amigo
francés se fijará de nuevo en tus zapatos cuando te vuelva a encontrar.
***
La nostalgia se me escurre por
las mejillas.
***
John Montilla:
jmontideas.blogspot.com (7-X-2026)
Relatos de mis memorias.



